¿Por qué no Oramos?

10/11/2009

Tengamos en claro esto:

El Cristiano no camina, por el sentir, aunque no sientas nada, hay que ORAR. Si sabemos que tenemos que orar, entonces ¿por qué no oramos? ¿Qué o quién está luchando para que no vivas una vida de oración?

Si no sabías, detrás de todo el desánimo que puedas tener, hay una lucha “espiritual” en lo no visible para que no oremos.

¿Por qué creemos que no oramos poderosamente? ¿Por qué es que nos descuidamos en nuestra vida de oración? Tenemos que tener claro algo, el por qué Jesús nos dijo: “Oren siempre”, pero no lo hacemos. [1 Tesalonicenses 5,16-19]. Entendemos que es importante, pero no lo ponemos en acción.

¿Por qué parece tan difícil? Tal vez porque no creemos estar facultados para orar, tendemos a pensar: Bueno, Cristo, Pablo y otros cristianos ejemplares oraban y lograban cosas, pero yo no soy nadie, ni siquiera tengo un ministerio definido… Y ahí nacen frutos de desconfianza en Dios, …que si atenderá mi oración o no, el desánimo nos envuelve y nos deja distantes de la comunión con Dios, orando solamente cuando creemos que es importante. Mientras que la Palabra nos dice que vivamos una vida según el Espíritu nos guíe, y que no podemos vivir una vida en Cristo por el modo que nos sintamos, es decir, muchos decimos: Hoy me desperté triste, y alguien te invita a hacer una oración, decimos que la haga otra persona y por el hecho de que no te sientes bien. La Palabra habla sobre eso, de que tenemos que Glorificar a Dios en todo momento, que aunque no lo sintamos, tenemos que Glorificarlo. Esto no es cuestión de SENTIR, Cristo está Vivo y tenemos que vivir despiertos para cualquier situación. Y no desmayes.

Esta es la batalla espiritual, que en los momentos de debilidad es cuando tenemos que ser fuertes, porque las influencias de Satanás, nuestro adversario, fácilmente nos pueden dañar si no estamos “revestidos de la verdad” [Efesios 6,14] y su lucha será constante para derrotar al cristiano aun antes de que trate de pelear. Y que nos dice el Apóstol Santiago sobre la palabra “inconstante”, el diablo lucha constante para vencernos. [Santiago 1,8] – Satanás no se anda con miramientos a la hora de intimidar – intenta a toda costa someter y vencer al cristiano. Y el problema es que el cristiano no sabe que la victoria ya es suya porque el poder de Cristo resucitado lo está respaldando. El pueblo de Dios perece por falta de conocimiento, parafraseando [Óseas 4,6]. ¡Necesitamos usar la Palabra de Dios a la manera de Jesús, cuando derrotó a Satanás diciendo:”Escrito está” [Mateo 4,4]

Es de absoluta necesidad que el cristiano tenga comunión diaria con Jesucristo, mas esto no siempre se enseña al inicio de la vida cristiana. La vida del cristiano depende de la renovación diaria en comunión. Muchos cristianos se apartan porque no entendieron esto. No resisten la tentación, regresan a su antigua naturaleza. Se esfuerzan por servir a Dios y luchar contra el pecado, pero carecen de fuerza porque luchan con sus propias fuerzas. ¡Una Guerra Ganada! La armadura de Dios es capaz hasta de destruir fortalezas…

Vivimos en un estado de guerra contra el diablo, y debemos aprender las técnicas para vencer a nuestro adversario o nos destruirá a nosotros. Tenemos armas para esta guerra, y necesitamos aprender a usarlas en cada aspecto de nuestra vida de oración. Estas armas no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de las fortalezas de Satanás [2 Corintios 10,3-4]. En Efesios 6 Pablo nos exhorta: “Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes. Así que manténganse firmes, revestido de la verdad. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. Sobre todo, que su fe sea el escudo que los libre de las flechas encendidas del maligno. Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo.” [Efesios 6,11, 14-17]. Debemos vestir los diferentes aspectos de la vida del Señor Jesús [Romanos 13,14]“Revístanse ustedes del Señor Jesucristo como de una armadura, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana”.

¿Cuál es el escenario para la lucha? [Efesios 6,18] nos dice que el campo de batalla contra Satanás y sus fuerzas es el de la oración. Allí sus fuerzas son derrotadas y el creyente obtiene la victoria.

¿Parece imposible? Sí, lo imposible se nos enfrenta a todos, pero hay una manera de hacerle frente a la imposibilidad: ¡invádela! No con discursos sobre esperanza, no con ira, no con resignación, sino con violencia. La oración provee el vehículo para esta clase de violencia. Es peor que un tanque de guerra.

[1 Juan 5,4-5] “Porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo. El que cree que Jesús es el hijo de Dios, vence al mundo”.

El Costo de la Victoria…
La mayoría de nosotros no oramos habitualmente, porque sabemos muy bien que va a costar algo. Más que tiempo, dinero o fe. Nos cuesta una cosa: la sinceridad. Sí, el ser lo suficientemente sincero para decirle a Dios: “No puedo hacerlo yo solo”. Mi sincera confesión de impotencia da lugar a la omnipotencia.

Tenemos que tener la honradez de reconocer lo que no somos. Debemos ser sinceros con Dios, reconociendo que nuestra vida se escapa, y la necesidad de Dios se vuelve más grande, la necesidad del perdón y la plenitud interior; admitiendo lo mucho que nos agotamos luchando con nuestras propias fuerzas; insistiendo en no conformarnos con respuestas artificiales a nuestro vacío. Y entonces hallamos al Único que es el dador de la verdadera plenitud de vida y el único camino hacia Dios. Confrontamos Su maravilloso nacimiento, Su impecable vida, Sus enseñanzas, Sus milagros, Su muerte reparadora y Su gloriosa resurrección.

Y al abrirle nuestro corazón a su vida y su poder, tenemos que aprender qué vino a hacer Él en verdad. Tal vez el punto sobresaliente de Su enseñanza en la tierra fue cuando sus discípulos pidieron “Señor, enséñanos a orar”. Allí les enseñó algo sobre la violencia. Orar es cuestión de asaltar, de atar, de hacer la guerra. De invadir. Desde el punto de vista de la tierra, las cosas pueden parecer imposibles, pero desde el punto de vista del cielo hay una violencia que puede hacer estallar lo imposible. Pero se necesitan tropas para la invasión. El aprendizaje de la oración.

El propósito del programa de oración de Dios es enseñarnos a vencer, ejercitarnos para vencer. Él no hace nada en la esfera de la redención humana salvo por medio de la oración. Toda su actividad y realización las ha ligado a la oración. Nuestra sensación de indignidad nunca debe estorbar nuestra vida de oración, como dice [Hebreos 4,15 y 16]. Nos llama a acercarnos constantemente, no porque seamos dignos de hacerlo, sino porque Él es digno. Por ello, debemos darle prioridad al aprendizaje de la oración, practicarla hasta que tengamos una destreza que pueda mantener a raya al enemigo.

Neil Velez
Comunidad Misioneros de Jesús

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