¿Por qué Dios no me escucha?

10/11/2009

Esta pregunta es tan antigua como la religión y todavía hoy insiste en resonar en el corazón del hombre; es este incluso el motivo de rebeldía de muchos contra Dios: “El Señor no me escucha…¡Dios no quiere saber nada de mí!” El Señor no escucha mi oración es casi como decir: “¡El Señor no me ama!”.

Las personas se rebelan porque les cuesta creer que Dios les ama y que quiere su bien. No creen que el Señor las ame suficiente para atenderlas. ¡Pero Dios nos ama y mucho! Bien dice el salmista: “La palabra todavía no llegó a mi lengua, y ya, Señor la conoces por entera” (Sal 138, 4).

Él sabe todo, sabe de lo que necesitas y puede concederte mucho más de lo que tú pides y piensas.

San Basilio Magno enseñaba: “Pides y no recibes, porque tu oración fue hecha mal o sin fe, sin devoción o deseo, o porque pediste cosa que no se refería a tu salvación eterna, o pediste sin perseverancia.”

La oración es necesaria no para que Dios conozca nuestras necesidades, sino para que sepamos que tenemos que recurrir a Dios, para recibir oportunamente los socorros de la salvación. Quien pide a Dios, humilde y confiadamente, cosas necesarias para esta vida, es oído por misericordia, o no es oído por misericordia; porque el médico, mejor que el paciente, sabe lo que realmente el enfermo necesita. Dios sabe lo que es mejor para ti mas que tú mismo. “Los pensamientos de Dios son mucho más altos que los míos.” Dios quiere lo mejor para ti porque te ama.

¿Qué sucede entonces? ¿Por qué ni siempre somos atendidos?

En primer lugar, Dios sabe cuando nos debe dar aquello que le pedimos: Por eso tenemos que aprender a ser pacientes y perseverantes. “Sufre las demoras de Dios; dedícate a Dios, espera con paciencia, a fin de que en el último momento tu vida se enriquezca.”

El hecho de que nuestra oración no sea atendida inmediatamente no quiere decir que Dios se haya olvidado de nosotros. ¡Quien en él no se decepciona!

Una máxima latina dice que nuestra oración es a veces ineficaz porque nosotros mali, mala, male petimus, esto es: pedimos siendo malos (mali), o que es malo (mala), y de manera mala (Male). Queremos que Dios nos atienda, pero no pretendemos abandonar nuestras acciones malas, continuamos con un corazón de piedra, llenos de rencor, odio, envidias…”Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? Él, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?
(Eclo 28, 3.5)
Pedimos también cosas malas, por ejemplo: pedimos justicia cuando, en verdad, queremos venganza, que la persona pague por el mal que nos hizo, y tantas otras cosas… Cosas que si Dios nos concediese, probablemente, comprometerían nuestra salvación.

Y pedimos de manera mala, no como hijos, sino como empleados interesados, que se acercan sólo por el hecho de saber que su patrón puede beneficiarles.

Marcio Mendes
Consagrado de la Comunidad Canción Nueva

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