Dublín, 1998.
Lynn ha llegado al límite de lo imposible, y ya no da más. Su matrimonio se deshace desde hace años, su marido bebe y ella sufre un martirio. Lo ha intentado todo, pero en vano. Al parecer, la situación ya no tiene solución. Ella no deja de pedir a la Virgen que este drama termine, pero nada cambia. ¡Lynn se quiebra!
Una tarde, una amiga viene de improviso a su casa, y le dice:
-Lynn, ve a Medjugorje con Leo; verás que la Santísima Virgen hará algo por vosotros, ¡es un lugar de gracias increíble!
Una chispa de esperanza nace entonces en el corazón de Lynn, que decide ir a Medjugorje, aunque este viaje le coma los pocos ahorros que le quedan. Habla del tema con Leo, pero recibe un rechazo categórico de parte suya. De hecho, él está completamente cerrado: ¿por qué iría hasta allá, cuando prefiere, de lejos, los bares a las iglesias? Lynn está determinada a no ir sin él. Se le ocurre la la idea de proponerle un trato algo inesperado:
-Mira Leo, ¡vayamos juntos! Yo ire a la Iglesia y tu a los bares…¡los bares de Medjugorje!
Lynn logra convencerlo, ¡y emprenden viaje! En Medjugorje, ella le suplica a la Gospa que algún día su marido vaya con ella a la iglesia, como creyente.
La noche del tercer día, muy tarde, Leo sale de un bar y comienza a deambular, perdido en Medjugorje. No hay un alma en las calles a aquellas horas de la noche. Nadie que pueda ayudarlo a ubicarse…¡Si! ¡Allí hay un hombre que va y viene, parece estar esperando a alguien!
-¡Oiga! ¡Estoy perdido! ¿Que es este lugar?
-¿Aqui? Pues, mire, ¡son los confesionarios!
-¿Los confesionarios? Y usted, ¿que hace usted aquí?
-Soy sacerdote. ¡Un sacerdote al lado de un confesionario es normal!,
¿no?
-Ehhh…¡Si! Bueno…¿quizá sea signo de que me tengo que confesar? -Leo no se había confesado desde que era pequeño-.
La confesión se hizo con lo que se tenía al alcance de la mano, y la Sangre de Cristo se derramó sobre el alma muy valiosa de ese hombre pobre, consciente de su pobreza.
En 2001, tres años mas tarde, la pareja volvió a Medjugorje para dar gracias: en efecto, desde aquella absolución nocturna….¡Leo no ha bebido una sola gota de alcohol!
Lo que me encanta de Medjugorje es la total libertad con la que trabaja María. Poco importa lo que pase, ella esta ahí con nosotros, acogedora, ofreciendo sus regalos celestiales a quienes vienen a ella. ¿Un nuevo libro intenta destruir Medjugorje? ¡Eso no logra minar en nada su acción maternal, medicinal y pacificadora! ¿Una mañana, en una revista ella lee que nunca se ha aparecido en Medjurgorje? ¡La misma tarde, imperturbable, viene para rezar con Ivan, Maria y Vicka!
¿Escucha de parte de algunos, que “hay que desconfiar de los signos”?
Ella sigue obedeciendo a su Hijo, que nos la dio como Madre; y sabe que una madre por excelencia es un corazón que da signos de amor; ¡entonces incluso los aumenta! Sabe que el Maligno sacude al mundo con sus signos de muerte, omnipresente y obsesivos, ¿y ella permanecerá acaso en actitud de “no-asistencia a personas en riesgo”?
Una vez, una francesita de ocho años la vio en la Cruz Azul , durante la aparición nocturna a Iván. ¿Por qué ella? ¡Libertad de reina! Otros miles no la vieron aquella noche. ¿Por qué? ¡Libertad de reina! En los dos casos, María hace el bien y se fija en la necesidad de cada uno.
Agradezco a mi Madre, la Iglesia, que nos permite la libertad de creer que María se aparece en Medjugorje (Sin anticiparme, no obstante, a su juicio). Sí, yo creo que allí María se deja tocar, y creo que realiza una obra extraordinaria.
Querida Gospa, ¡sigue apareciéndote aún por mucho tiempo! Tú lo dijiste: A cada una de mis venidas, extiendo cada vez más el reino de mi Corazón Inmaculado en los corazones, y Satanás pierde un poco más de poder.
¡¿Cuántos Leo te quedan por ayudar?! ¡Te pedimos que te aparezcas hasta que tu Corazón Inmaculado haya triunfado!
Sor Emmanuel
De su libro “Medjugorje, el triunfo del corazón”









