En la foto estamos Rodrigo y yo, la sacamos cuando vivíamos en Roma, en la comunidad Canción Nueva y fui a conocer la nieve. Estábamos Rodrigo, Sergio Coutinho, Padre Wagner, Paula, Liliane, Rosangela y Mariane, hermana de Liliane.
En estos días estaba reviendo las fotos y recordé el Salmo 50, 9 “lávame, y quedaré más blanco que la nieve”. La frase se quedó resonando en mí y miraba la foto y repetía: “lávame, y quedaré más blanco que la nieve”.
Recuerdo el lugar que visitamos, Teminillo. Una montaña donde todo era blanco. Un blanco diferente, parecía jabón en polvo. Un blanco que, aunque tenga otros colores, sobresale. Un blanco de pureza, de armonía. Cuando sacaba una foto me preguntaba: ¿será que estoy tan cerca del cielo?
Así nos sentimos cuando somos lavados por la sangre de Cristo. Nos sentimos cerca del cielo. Sentimos paz. Como si nuestro cuerpo y nuestra alma pudieran sentir alivio. El suspiro de recibir de Dios la sangre que nos lava y nos libra de todo pecado. Mirando la foto, me recordé del sentimiento que tuve cuando estaba en aquella montaña, un sentimiento y deseo de reconciliarme con Dios.
Cada vez que buscamos la confesión nos reconciliamos con Dios. Por eso, busca la confesión. Haz un buen examen de conciencia. Confiésale a Dios tus pecados. Desea tener el alma pura y limpia.
No te canses de repetir: “lávame, y quedaré más blanco que la nieve”
No te canses de desear: “lávame, y quedaré más blanco que la nieve”
Al salir del confesionario, recuerda esta foto. Fíjate en la línea que divide el cielo y la tierra. Cuando tu alma esté pura y blanca como la nieva, es como si no existiese más la línea divisoria.
“lávame, y quedaré más blanco que la nieve”
Feliz fin de semana a todos
Cadú
Comunidad Canción Nueva










