Una persona, deseando cambiar de vida, se esforzaba para no cometer los mismos defectos y los mismos pecados me comentó: ¿qué hago para controlarme para no hablar mal de los demás y juzgarlos?
Como esta persona tenemos muchos pequeños defectos y vicios que precisan ser controlados a través de una firme y consciente lucha interior. Por ejemplo, hablar mal de los otros revela cuánto somos inseguros, envidiosos y mucha inmadurez para trabajar las relaciones y conflictos interiores.
Un secreto para crecer en las virtudes es la perseverancia en las prácticas y, eso requiere siempre esfuerzo, renuncia y oración, contando siempre con el auxilio del Divino Espíritu Santo, nuestro maestro de santidad. Recordé esta historia, es bueno hacer una revisión de nuestras costumbres:
Cierta persona se encontró con el filósofo Sócrates y le dijo: “tengo algo que decirte sobre un amigo tuyo”, Sócrates respondió: “Permíteme que te proponga pasar por el Filtro Triple para aceptar tu comentario”.
Esa persona respondió: “claro que sí, pero qué es ese tal Filtro Triple? Respondió: “Para que yo escuche algo de alguien, aunque no sea mi amigo tendría que pasar por un filtro de tres condiciones”.
“La primera es la VERDAD, ¿estás con absoluta seguridad de que, lo que vas a decir es verdadero?” Respondió: “no, lo escuché decir eso a alguien sobre tu amigo”. Sócrates dijo: “entonces no tengo ningún deber de oírte ya que no tienes la veracidad de lo que vas a decir, aunque la persona no sea digno de respeto”. Y continuó Sócrates: “voy a revelarte un segundo filtro para que pueda oírte, aunque la falta de la verdad ya sería suficiente para no escucharte”.
“Es el filtro de la BONDAD. ¿es algo bueno lo que tienes para decirme?” El hombre contestó: “no es algo bueno, es desagradable”. Sócrates: “si no es verdadero y no es bueno, para qué me interesaría saber. Pero voy a decirte sobre el tercer filtro para que nuestra conversación no sea vacía y nada constructiva”.
“Es el filtro de la UTILIDAD, ¿será útil para mí o para ti? ¿Servirá para aumentar mi sabiduría y crédito sobre mi amigo?” El hombre rascó la cabeza y dijo: “no creo que sea útil ni para mí, ni para ti”. “Pues bien”, dijo Sócrates: “nuestra conversación termina aquí, sabiendo que, lo que debemos acumular en esta vida es la sabiduría”.
Cómo sería bueno si todas nuestras conversaciones pasaran por estos filtros, eso porque le falta un filtro preciosísimo para nuestro amigo Sócrates, el filtro de la caridad, del amor fraterno, que aprendimos de Jesucristo, el maestro de los maestros. Su enseñanza fue sencilla, pero capaz de cambiar el mundo.
Veamos lo que dice San Juan: “Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante El” (I Jn 3, 18-19).
Más que una filosofía, el amor es el principio de la vida. Todas las otras prácticas como respeto, verdad, bondad y utilidad tienen en el amor su cimiento principal. Si nos falta el triple filtro es porque nos falta el amor, la compasión, que es una conquista, exige tiempo, sudor y, muchas veces, lágrimas. Hace falta saber perder para ganar, pues amar, muchas veces, es renuncia, es olvidarse de sí, para que el otro aparezca. Amor es aprender a promover al otro.
Todo eso nos enseñó Jesús y no un filósofo. Jesús que es el maestro de la vida, del comportamiento, del respeto humano, de la calidad de vida, de la dignidad de la persona, pues nos enseñó qué es el amor y nos mostró que es la única vía para cambiar el mundo. Faltan verdad, bondad y utilidad, porque antes de todo nos falta el amor. Podemos usar el filtro de Sócrates, pero acrecentémosle la enseñanza de Jesús, el amor.
Mi bendición fraterna,
Padre Luizinho
Comunidad Canción Nueva









