El fracaso es la antesala del éxito

21/10/2009

El orgullo no soporta la vergüenza del fracaso.

¿Quién nunca tuvo la experiencia de ver que todo le salía mal, o acababa en la nada? La palabra más apropiada para esto es “fracaso”. Es una palabra fuerte, pero de vez en cuando, debemos lidiar con este tipo de situaciones, o mejor, con este sentimiento que nos empuja hacia abajo. No nos confirmamos o perdemos el rumbo, pero para que encontremos de nuevo el camino correcto, tenemos que tener la cabeza en su lugar. ¿Cómo imaginar, en ese momento, que un gran fracaso nos traerá un bien, algo provechoso, o inclusive, el éxito? Para San Pablo, la experiencia del fracaso en Atenas le abrió la puerta hacia la madurez y los nuevos caminos de Corinto, donde, junto con la comunidad, evolucionaron en el uso de los dones y carismas del Espíritu Santo.

Quiero que medites conmigo la frase que escuché hace poco tiempo: “El fracaso es la antesala del éxito”. Veamos hoy lo que ocurrió con los apóstoles de Jesús. Intentaremos, una vez más, aprender una lección de vida con ellos, pues el Evangelio es una escuela y Jesús es el Gran Maestro.

Estaban, de nuevo, pescando Pedro y compañía. Pescaron toda la noche y no consiguieron nada (no se te olvide que ellos eran personas cuyo medio de vida era la pesca, tenían experiencia), Jesús llegó hasta ellos y les dijo: “Echen las redes del lado izquierdo y ahí encontrarán peces”. Ellos las lanzaron y pescaron muchos peces, tantos que casi se rompen las redes, hasta necesitaron de más compañeros que les ayudaran a arrastrar las redes hasta la playa. Primera lección: para que el fracaso no ciegue nuestra visión debemos tener los oídos atentos a la voz de los que tienen más experiencia. Pedro, a pesar del cansancio y de la decepción, obedeció a la voz del Señor.

Todos somos un poco orgullosos y autosuficientes; lo que la persona que se deja dominar por el orgullo y la autosuficiencia no se permite, es la vergüenza del error y no tanto por la falla en sí. El orgulloso no soporta la vergüenza del fracaso ni el hecho de ser corregido por los demás. Por eso, en este caso, el fracaso fue la antesala del éxito. Después de este hecho, Jesús invitó a Pedro para comer pescado asado con Él y trabajó en el corazón del apóstol las tres negaciones. “Pedro, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. No era Jesús quien necesitaba escuchar la confesión de Pedro, sino que el propio apóstol debido a su fracaso al negar al Maestro en el momento en que Él más le necesitaba. Esto causaba gran dolor al corazón de Pedro y el Maestro utiliza este momento para retomar el fracaso y reconciliarse con él. Al reconciliarse con su fracaso, Pedro recibió de nuevo de Jesús el rebaño, la confianza, o mejor, la autoconfianza, la estima que había perdido por no aceptar su error. Pedro necesita perdonarse y le dice a Jesús: “Maestro, tú lo sabes todo, tú sabes de mis errores y mis fracasos, ¡tú sabes que te amo! Dios no deja de confiar en nosotros, ni mucho menos desiste de nosotros. Él siempre está dándonos una nueva señal de confianza, de amor y de responsabilidad. Jesús le dice a Pedro: “Apacienta mis ovejas”. Ahora, el corazón de Pedro está sanado y listo para asumir, hasta las últimas consecuencias, la misión que Jesús le dio. El corazón de Pedro no está más cautivo en una situación mal resuelta.

La segunda lección: no podemos perder las oportunidades que Dios nos da para volvernos atrás, corregirnos o inclusive, admitir un error, sabiendo que un gran éxito puede venir después de la corrección de un error. Un tiempo atrás, estaba viendo un juego de futbol en la televisión y escuché al relator contando una anécdota del arquero de uno de los equipos. Este había sido expulsado de su equipo el año pasado, porque al equipo lo habían rebajado a la segunda división del campeonato y el dueño del equipo le echó toda la culpa al arquero, como si el equipo entero jugase tan sólo con los arqueros. En aquella ocasión este había llorado mucho ante las cámaras del televisión y, hoy, él era el arquero de otro gran equipo de San Pablo y con propuestas para jugar en un equipo mayor, de la primera división del campeonato brasilero. La humildad son los ojos que nos dan la capacidad de ver que el fracaso es la antesala del éxito. Crecer es reconocer que no todas las veces todo nos sale bien, pero que podemos cometer errores con ganas de hacer las cosas bien. ¡Errar es humano, permanecer en el error no es inteligente! ¡

Debes saber que todo pasará y que lo más importante es salir mejor de estas aparentes situaciones de fracaso, pues, ¿quién no vivió un día de derrota para poder mejorar para el día de la victoria? Con seguridad, viviste mucho mejor y con más sabor la victoria que el fracaso.

Mi bendición para ti

Padre Luizinho
Comunidad Canción Nueva.

http://blog.cancaonova.com/padreluizinho/

3 comentarios para “El fracaso es la antesala del éxito”

  1. Noe C. Dice:
    21/10/2009 às 10:10

    DIOS NO DESISTE DE MI!!!! QUE GRAN NOTICIA!!! Es una promesa que necesitaba saber!!!!

  2. TERESA Dice:
    21/10/2009 às 10:04

    Es verdad Dios permite todo para nuestro bien, bendito fracaso por el que pasamos porque gracias a esos fracasos podemos acercarnos mas a Dios y depender solo de él ,El Señor cumple sus promesas , es un Dios que si cumple ,por eso te agradezco Señor y espero en tus promesas pues todo lo permites para mi bien ,Dios los bendiga hermanos en CRISTO SOMOS MAS QUE VENCEDORES.

  3. sbseosbseo Dice:
    21/10/2009 às 21:06

    Webdesigner Essen Webdesigner Essen! Webdesigner Essen Webdesigner Essen.

Comentarios