Curados por la Eucaristía

29/10/2009

Nunca entenderemos cómo el Señor da su Cuerpo y Sangre en la forma de pan y vino. Esto será siempre un misterio de fe, pero el Señor, sabiendo de esto, vino en auxilio de nuestra flaqueza, de nuestra incredulidad. Por eso Él realizó prodigios; para que pudiésemos aceptar con más facilidad el misterio de la Eucaristía. Por eso Jesús caminó sobre las aguas, multiplicó los panes, apareció a los apóstoles después de su resurrección; todo para que supiésemos que Él tiene el poder de realizar aquello que realizó en la Eucaristía.

Jesús quiso concretizar su presencia en la hostia, sobre las especies de pan y vino, para que comprendiésemos que la Eucaristía que recibimos es su Cuerpo, que viene a ser presencia, remedio, sanación, alimento y fuerza para nosotros.

Cuando comulgamos, es la persona entera de Jesús que recibimos. Es Jesús resucitado, con su Cuerpo glorioso. Entramos en comunión con sus llagas, que fueron abiertas por nosotros, para sanar nuestras heridas y las marcas dejadas por el pecado que está en nosotros. Comulgamos el corazón del Señor, que amó y que todavía nos ama a cada uno de nosotros; el mismo corazón que fue perforado por la lanza.

La Eucaristía es como un remedio que debemos tomar constantemente hasta sanarnos, principalmente cuando nuestra lucha es contra un determinado pecado que no conseguimos vencer.

¡Dios te bendiga!

Tu hermano,

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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