Amistad sacerdotal

21/10/2009

Empiezo preguntando, ¿tienes un amigo sacerdote? El sacerdote es un amigo de trinchera, escuché a un padre experimentado decir eso y me quedé meditando. Viene a mi mente la imagen de una guerra y aquellas trincheras formadas por bolsas de arena que esconden a varios soldados o aquellas trincheras hechas por grandes hoyos en el suelo para que puedan proteger contra los ataques de los enemigos.

Pensé también en tantas películas bélicas y en aquel soldado que arriesga la vida para salvar el pelotón o para salvar al único amigo que está herido y se quedó para tras. Ser amigo de trinchera es no tener nada a perder a no ser el amigo. Es saber actuar en conjunto y también ágil para actuar solo a favor del otro. Compañero combatiente, para quien la única verdad no es mi reputación o volver a casa, realizar mis sueños, la única verdad que habita el corazón combatiente del amigo es salvar la vida, aunque no sea la tuya.

No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn 15,15). Amistad verdadera es la sigue la estrategia del conocimiento, los amigos padres siguen las trillas del corazón, primero del corazón de Dios, encontrando siempre un caminito para el corazón del amigo. Crecer en esta amistad es no tener miedo de arriesgar, acreditar siempre que el otro puede hacer más y mejor. En ese camino se ejercita bastante la fe, la paciencia, el discernimiento y la confianza de quien espera al amigo tener más capacidad de supera que de vencer. Procura vivir la misericordia porque antes de todo toca en tu miseria, este soldado amigo no necesita camuflarse, porque la verdad es su mejor defensa. Gran experiencia de fe y de vida es tener un amigo padre.

Amistad sacerdotal es una escuela, digamos que sea un discipulado. El padre es una persona elegida por Dios y que tiene la capacidad de conocerte y lapidar tu alma y tu corazón. El sacerdote es muy especial, no porque soy padre, sino porque tengo varios buenos amigos padres. Mi primer amigo padre fue Mons. Jessé Torres, me ayudó a encontrar a Jesús y mi vocación y muchos otros padres como José Carlos, Cícero, Edmison, Wagner, Jurandir, Padre Cícero.

El padre mendigo, que confesó al Papa Juan Pablo II

Hace unos tiempos relataron un episodio. Un sacerdote norteamericano, de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo por un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero de seminario, ordenado sacerdote en el mismo día que él. Ahora estaba mendigando por las calles.

El padre, después de saludarlo e identificarse, escuchó del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Se quedó profundamente estremecido. Al día siguiente, el sacerdote venido de Nueva York, tuvo la oportunidad de participar de la Misa privada del Papa y podía saludar al Papa al final de la celebración, como de costumbre. Al llegar su turno, sintió el impuso de arrodillarse frente al Papa y pidió oración por el amigo y lo describió brevemente la situación.

Un día después, el sacerdote de Nueva York, recibió una invitación del Vaticano para cenar con el Papa y que llevara consigo el mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y comentó al amigo (mendigo) el deseo del Papa. Una vez convencido, el mendigo lo acompañó en su hospedaje y ahí le ofreció ropas y oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, pidió al sacerdote que los dejara solos y le pidió al mendigo que escuchase su confesión. El hombre, impresionado, le contestó que y no era sacerdote, al que el Papa contestó: “una vez sacerdote, sacerdote para siempre”. ‘Pero estoy fuera de mis facultades de presbíteros”, insisto el mendigo. “Yo soy el obispo de Roma y puedo encargarme de eso”, le dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió también al Papa que escuchase su confesión. Después lloró amargamente. Al final, Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia estaba mendigando y le asignó asistente del párroco de aquella parroquia y encargado de los mendigos.

Oración
Gracias, Señor, por el don de la amistad, que es una vocación tan rica y necesaria para nuestros días. Dé a nuestros sacerdotes la gracia de ser amigos del Corazón y de María, así podrán ser amigos de tu pueblo. Concede, también, Señor que nuestros padres encuentren en medio de su trabajo personas amigas que puedan ser para ellos señal de tu presencia confortadora. Que por la fe y por el poder de tu Divino Espíritu Santo sacerdotes y laicos descubran la gracia de la dirección espiritual a través de la amistad y podamos vivir como las primeras comunidades, ellos tenían un solo corazón y una sola alma.

Mi bendición fraterna

Padre Luizinho
Comunidad Canción Nueva

Un comentario para “Amistad sacerdotal”

  1. El Adviento: una espera alegre at Canción Nueva Dice:
    21/10/2009 às 17:12

    [...] Por ejemplo, si observamos los ornamentos litúrgicos, es decir, las vestiduras que utiliza el sacerdote, o también el conopeo, que es con lo que se cubre el sagrario, podemos ver que cambian de color [...]

Comentarios