Para que la Biblia haga parte de nuestra vida durante todo el año hace falta aprender a leerla, a meditarla y a extraer de esa fuente de vida todo el bien que puede darnos. Hay un método que la Iglesia ya vive hace mucho tiempo y Canción Nueva, por intermedio de nuestro fundador, Mons. Jonás Abib, nos forma en la Palabra de Dios, hace parte de la característica del Carisma de la Comunidad Canción Nueva. Nuestro fundador es conocido como “padre Jonás de la Biblia”, por ser un hombre de la Palabra.
“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena” (II Timoteo 3,16-17).
1 – Leer: es momento de digerir. Es una lectura activa, leemos con lápiz o bolígrafo en la mano, subrayando y destacando elementos esenciales, tales como verbos, sujetos activos, acciones, actitudes, pensamientos, la situación, los motivos de las acciones. Más que leer, en realidad, leemos varias veces, al pasar el bolígrafo por las letras. Podemos recurrir, también, a otras traducciones que ayudan a aclarar, leer las introducciones, las anotaciones. Podemos también empezar con los pasajes paralelos, en general marcadas en las márgenes o después de los títulos, etc. Es la primera etapa. Vamos a prestar atención a los varios puntos indicados y dejándonos llevar, siguiendo su propio movimiento interior. Ese imperativo interior nos induce de manera verdadera y natural a la segunda etapa, que es cuando se inicia de hecho el “rumiar”.
2 – Saborear: podemos llamar esta etapa también de meditación, pues, en realidad, es una meditación de la palabra masticada. No lo hacemos para no dar la impresión errónea que se trata de un trabajo puramente intelectual, prefiriendo denominarla saborear. Tuve un profesor de ciencia que decía que la vaca rumia el pasto porque la saliva dulce y le preguntábamos cómo él sabía de eso… En realidad, llegando el momento de sentir la Palabra, el intelecto también participa, pero no está solo. Entran también los sentimientos, la libertad de espíritu, los varios movimientos de la voluntad. Ahí está el principal momento en que debemos dejarnos impregnar por los sentimientos que el Espíritu Santo hace surgir en nosotros por medio de la Palabra: alegría, miedo, confianza, generosidad, arrepentimiento, esperanza, entusiasmo, entre otros. Los varios sentimientos, los varios impulsos que se mezclan.
3 – Orar: como ya se debe esperar, esos sentimientos nos llevan a dar una respuesta. No es tanto responder a la Palabra como al Señor que infundió en nosotros esos impulsos. Brotan naturalmente la alabanza, el arrepentimiento, la súplica, la gratitud, el pedido de perdón, la oferta, la adoración, etc. Más que una oración con palabras, será una oración de sentimientos y de actitudes. Unas pocas palabras nos prestarán sencillamente ayuda para experimentar y referir al Padre, a Jesús o al propio Espíritu Santo. Es una oración sencilla e interiorizada.
4 – Contemplar: poco a poco, todos aquellos sentimientos que se mezclaban y se multiplicaban en nosotros, así como varios movimientos de oración, van simplificándose y unificándose en nuestro íntimo. Y la hora de la tranquilidad, de la armonía, del reposo en Dios, eso es lo que quiere decir contemplación, es decir, entrar, mediante la Palabra, en el Templo de Dios, que existe en nosotros y nos dejamos reposar en el Señor. Ahí viene la sencillez de todos nuestros movimientos interiores. Se trata de un movimiento privilegiado, un instante de gracia. Todos pueden llegar a vivenciarlo. Los más sencillos pueden llegar con más facilidad a ese punto; los que más penan son los intelectuales. Es lamentable que se haya creado tantos misterios, tantas complicaciones acerca de algo tan sencillo como la contemplación, a punto de parecer que sólo tienen acceso una minoría. Gracias al Padre hoy se nos es devuelto gratuitamente.
5 – Escribir: el punto de llegada es la contemplación. Pero, después que la red está repleta de pescados, no se puede dejar que escapen. A pesar del gozo espiritual que la contemplación trae, ponte a escribir. Es un diario espiritual, hecho, ahora, de manera distinta y ciertamente muy provechosa. No se trata de escribir mucho, ni es el momento de narrar o describir lo que pasó. Lo que debemos registrar: lo que Dios te habló, lo que realizó en ti, lo que dejó depositado en tu interior. Todo eso son muy preciosos, es algo que no se puede perder. Puedes también registrar: lo que Dios te dice, a partir de esa Palabra. Puedes recoger el contenido depositado en tu ser de dos maneras: “lo que dice de mí” y lo que “dice para mí”. No estoy haciendo un juego de palabras, son dos maneras de focalizar la cuestión. Y no es difícil diferenciar.
Primero: ¿qué Dios dice de mí? ¿qué soy? Las cualidades que me dio y que debo cultivar. De mi vocación y misión, del trabajo específico que me fue confiado y para lo que me capacitó con los dones naturales, con los carismas del Espíritu Santo.
Segundo: ¿qué dice para mí? ¿qué quiere de mí? ¿qué quiere que sea, que realice? ¿qué actitudes quiere que tome y cultive? ¿qué rumbo me indica? ¿qué cambio debo asumir en mi vida?
En realidad, ya habrás percibido que no es nada complicado. Es sólo para que percibas la diferencia y que midas la amplitud de aquel que Dios puede estar diciéndote.
Oración:
Oh Dios, torna mi espíritu digno de encontrar tu alegría en la comprensión del Misterio de Cristo, tu Hijo bien amado, revelado en las Escrituras. Asciende tu Santa Luz, en mi corazón, a fin de que mi espíritu penetre para más allá de las palabras escritas… Que vea con los ojos iluminados, los sagrados misterios escondidos en tu Buena Nueva. Concede, señor, por tu gracia y tu misericordia, que tu recuerdo nunca desaparezca de mi corazón, ni de día ni de noche. Amén.
Padre Luizinho
Comunidad Canción Nueva










02/10/2009 às 22:10
Quiero que me envien reflexiones diarias
02/10/2009 às 12:10
la verdad me emociono en ver lo que ponen en internet sobre jesus y dios