¿Qué es el purgatorio?

08/10/2009

Es una de las realidades que sucede después de la muerte. Es un dogma de fe de la Iglesia y quien no acepta, no puede llamarse completamente católico. Después de la muerte, que es la separación del cuerpo y del alma, acontece el juicio particular. Allí el alma es juzgada por Dios y tiene dos destinos: el cielo, la felicidad eterna o el infierno, la infelicidad eterna. Al cielo sólo entran los puros y la palabra es muy clara: “los puros de corazón verán a Dios” (Mt 5, 8). El purgatorio, entonces, es una antesala del cielo. Quien murió arrepentido de sus pecados y se confesó no va al infierno. Lo que lleva al infierno es la culpa de los pecados, pero estos también tienen las penas temporales, que son los destrozos causados a las personas, a la sociedad, a la Iglesia, etc. Por lo tanto, esa persona debe pasar por un proceso de purgación, da ahí el nombre de purgatorio, de purificación, para ver a Dios.

Cuando uno muere termina el llamado merecimiento y sólo se espera en la misericordia de Dios y en la oración de los vivos. Las almas quedan en el purgatorio por un tiempo. Debemos entender que el tiempo del Señor es diferente de nuestro tiempo, pues estamos hablando de una realidad post muerte, es decir, en un sentido atemporal. Cuando decimos tiempo queremos decir que hay una duración, es decir, inicio y fin. El alma queda sometida a la Misericordia Divina, purgando todas sus penas hasta poder ver la faz de Dios, en la gloria, que llamamos de cielo.

El tiempo es determinado de acuerdo a la gravedad de los pecados cometidos, que lleva como consecuencia las penas. Muchos santos tuvieron la gracia de Dios, como Santa Catarina de Génova y el propio San Francisco de Asís, de ser llevados en éxtasis al purgatorio y todos son unánimes al decir que es un lugar de gran sufrimiento. Pero, allí existe una cosa que no existe en el infierno, la esperanza. Si las almas reciben oraciones de aquí, el purgatorio puede ser diminuido. Son los misterios de la Misericordia de Dios.

purga

La gran alegría es que del purgatorio ya nadie más va al infierno, por eso no hay desespero, pero se sabe que se ofendió a Dios, pues allí se tiene la conciencia total de la gravedad de los pecados. Por eso, cada vez que pecamos aquí en la tierra debemos pensar bien.

Por un lado hay un gran esfuerzo para ver a Dios; por otro, un reconocimiento profundo que no se está preparado para eso. Es un dilema, es un dolor y ese dolor es purgativo y hace que se pague las penas por los pecados.

Algo importante es saber que existe el arrepentimiento perfecto. Un ejemplo de eso es Dimas, el buen ladrón, que estaba al lado de Jesús en la crucifixión. Tuvo un arrepentimiento perfecto y el Señor le dijo: “hoy mismo estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43). Por otro lado, algunos textos de la Palabra de Dios, como el de Mateo, 5: 25-26) dice: “Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”. Ese es el purgatorio.

Para la mayoría de nosotros es muy difícil el arrepentimiento perfecto. Solemos pensar así: “necesito ir al cielo, tengo que arrepentirme”. Pero, muchas veces, sentimos vergüenza de haber cometido el pecado, pero no de haber ofendido a Dios. La contrición perfecta, que nos libra del purgatorio es una conciencia que el alma en el purgatorio tiene: “ofendí a Dios y no podía haber hecho, pues me dio tanto amor, tanta gracia para mi salvación y no aproveché. Merecería el infierno”. Es una mezcla entre contrición y esperanza. Entonces, si uno va a pasar por el purgatorio o no, depende de la contrición perfecta. Por eso, es importante confesarse siempre.

Ahora, el purgatorio no es definitivo para nadie, incluso cuando Jesús vuelva va a eliminar el purgatorio.

Debes estar preguntándote:¿también los santos deben pasar por el purgatorio? Pero ¿Quien es un santo? Es aquel que practicó las virtudes en grado heroico. Muchas personas son santas y están en el cielo, pero no son canonizadas. Cuando la Iglesia canoniza un santo está diciendo que es un modelo perfecto, parecido a Cristo. Entonces, el proceso de purificación ya fue hecho antes de la muerte. Necesito decir también que existen tres realidades que nos ayudan a evitar el purgatorio: la caridad, la aceptación del sufrimiento con paciencia y las indulgencias plenarias o parciales, pues perdonan las penas de los pecados.

Según la Iglesia lo que determina que uno vaya al cielo o al infierno es la recompensa que cada uno recibirá de sus obras. Dios retribuirá a cada  uno, será la recompensa. Y la práctica o no de los diez mandamientos. Obedecer la ley de Dios es huir del pecado determina el destino eterno, por eso, el cielo y el infierno comienzan aquí y nuestro purgatorio también.

La Iglesia reza por las almas del purgatorio porque cree, como la Palabra de Dios nos enseña, que cuando una persona muere, no puede más hacer nada por sí misma, pues ya está entregada a la Misericordia Divina, pero los vivos pueden rezar por ella. Es una práctica bíblica, siempre se rezó por los muertos. Los primeros santos fueron mártires y, en su tumba, se hacían oraciones. Siempre hubo esta comunión.

Ahora, las almas del purgatorio pueden interceder por nosotros. Ellas no pueden hacer nada por ellas mismas, pero pueden ofrecer el sacrificio. Quien reza tiene ese gran privilegio de recibir auxilio en muchos momentos. Y, esas almas, al salir del purgatorio y llegar al cielo, podrán hacer mucho más por nosotros.

Fray Josué Pereira
Orden de los Frailes menores conventuales de la Provincia de Brasilia – Brasil

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