Vejez, cuando todo parece conspirar

14/09/2009

Todos tenemos algo para ofrecer, independiente de la edad. Los niños, aunque no cooperen con su fuerza física, contribuyen con la alegría en la casa. Con el pasar de los días, nuestros pequeños harán nuevos descubrimientos, adquiriendo nueva percepción del mundo. Después de algunos años, pasarán por la pubertad, entrarán el la vida adulta y, poco a poco, se tornarán más participativos en la sociedad.

En el ciclo de la vida, como todas las cosas, aquellos niños, que un día encantaron la familia con su destreza, también van a entrar en la tercera fase de la vida y ya no llamarán más la atención como antes. Por ya convertirse en persona mayor, ni los conocimientos absorbidos a lo largo de los años las sacarán del auxilio social.

Vivimos en una sociedad utilitarista, en la cual quien no produce, parece no tener el derecho de participación. Y, así, la importancia de la persona mayor empieza a invertirse. De esa manera, el que antes pertenecía al cuadro de las estadísticas de los individuos económicamente activos, ahora pertenece para el cuadro de la población improductiva.

La parcela más insensata de la sociedad acredita que la presencia de los más experimentes en lugares públicos esté robando espacios de alguien que tiene una agenda repleta de compromisos. La lentitud de los pasos, aunque intenten caminar un poco más rápido, también le parece obstruir los pasos en las veredas. Esas personas al depararse con la debilidad de nuestros viejos, realizando una actividad sencilla, como la de atravesar una calle, los condenan a la muerte social.

Por más importante que sea lo que ellos tienen a decir, poca gente se detiene para oírlos. Pues, invariablemente, en medio de la conversación, la memoria, ya no tan eficaz, hace con que repitan el mismo asunto varias veces o se pierdan en medio del raciocinio. Todo parece conspirar contra aquellos que ya vivieron más de la mitad de los años de su ciclo de vida. El peso de los años coopera para que sus ojos ya no vean tan bien, las enfermedades ya no son curadas con la misma rapidez con que aparecen… Como si todo eso no fuera suficiente, todo lo que hacen parecen estar errado ante el mundo.

Sabemos que, como consecuencia natural del tiempo, la vejez hace con que todas las personas sufran con el deterioro de la salud. Pero no hace falta diminuir la dignidad de aquellos que abrieron y facilitaron nuestro acceso para el mundo mejor. Hacer una sociedad más justa para los más viejos es un compromiso que exige de cada uno de nosotros el coraje de derrumbar los padrones estereotipados, que clasifican el valor de una persona por su eficiencia y vitalidad física.

Un abrazo

Dado Moura
Comunidad Canción Nueva

(1º de octubre, día internacional de la vejez)

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