A nadie le gusta sufrir, pero el sufrimiento hace parte de la vida, no hay ninguna persona en la faz de la tierra que no haya que convivir con el dolor y la angustia, por lo tanto, aprender a sufrir es aprender a vivir. La paz no consiste en no tener contrariedades, sino en saber, con humildad y resignación, aceptarlas y enfrentarlas. La primera actitud ante cualquier sufrimiento es la actitud mental; muchas veces, aumentamos nuestro sufrimiento con un pensamiento negativo y pesimista. Creo que ya notaste que el mismo sufrimiento para uno es muy pesado, mientras que para otro puede ser fácil de ser vencido.
Así como no hay montañas altas sin neblinas, tampoco hay hombre superior sin calumniadores. Lo que importa es no dar oído a esas calumnias. No pares de caminar para tirar piedras a los perros que ladran, porque puedes atrasar tu llegada. Sabemos que sólo los árboles que tienen frutos son sacudidos o apedreadas en busca de alimentos. Nadie tira piedras en árboles sin frutos. Las persecuciones no llegan al alma cuando son injustas o falsas.
Frecuentemente, las cosas que consideramos “malas” son la que tornan buenas las cosas buenas. ¿Cómo podemos reconocer el placer sin dolor? ¿Sin el conforto cómo podemos estar confortables? Si no hubiera oscuridad, no conoceríamos la luz ¿Sin ignorancia, cuál sería el valor del conocimiento?
En todas las direcciones y en todas las situaciones, la vida tiene significado, en todo lugar existen la oportunidad de la realización. En vez de maldecir la oscuridad, enciende un fósforo, aprecia la luz que las tinieblas hizo posible.
Las únicas desgracias completas son aquellas con las cuales nada aprendemos. Cada lágrima nos enseña una verdad.
Hace falta recordar siempre que no hay suceso sin lucha, a veces, sufrimiento. El sufrimiento no es obra de Dios, existe por causa de nuestra fragilidad y de nuestros pecados. Pero Cristo lo transformó en materia prima de nuestra salvación. Paul Claudel dijo que “Cristo no vino a abolir el sufrimiento, ni explicar, sino vino a traerle la plenitud de sui presencia”, por eso quien sufre con Cristo, sufre en paz.
Dios nos habla por medio de las circunstancias y por los acontecimientos difíciles de la vida. Cuando analizo mi pasado, veo que todo lo que me sucedió fue para mi bien. El sufrimiento es inseparable del amor, como la rosa de la espina. No tengas miedo de las adversidades ni de las contrariedades.
Es común sentir falta de coraje e incluso desespero cuando las cosas van mal. Pero Dios actúa a nuestro favor, incluso en los momentos de dolor y sufrimiento.
Prof. Felipe Aquino
Comunidad Canción Nueva
Trecho del libro “Para ser Feliz”









