Optar por Cristo

10/09/2009

Diariamente somos probados en nuestra libertad. Al mismo tiempo, somos invitados a hacer el mal y solicitados a practicar el bien, así como a seguir los criterios del mundo y no conformarnos con eso, sino transformarnos, renovando nuestra manera de pensar y de juzgar, buscando lo que es la voluntad de Dios (cf Rom 12, 1-2).

¿Quién no fue tentado a “mirar atrás(cf. Lc 9,62) después de haber prometido amor y fidelidad a Dios, al cónyuge, al amigo? Sin embargo, hablar de fidelidad en nuestros días se volvió algo complicado y problemático…

Ayer, como hoy, Jesús es señal de contradicción. Seguirlo, comprometerse con Él, con Su proyecto, con la causa del Reino que Él vino a implantar, no es para quien suele quedarse encima del muro. La opción por Él debe ser definitivo e incondicional. No hay lugar para el “descomprometimiento”. Hace falta elegir un camino, tomar una posición concreta y transparente: servir a Cristo o a los varios ídolos que el mundo presenta y sigue. Uno no puede quedarse indiferente. Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir (Josué 24,15). No hay otra opción o una tercera vía. Continuar con Cristo o irse. ¿Hay camino mejor que optar por Cristo?

¿Es posible cansarse de ser bueno y fiel, de practicar el bien, de comprometerse con la verdad, la justicia, la caridad o el amor? ¿Es posible hartarme de la Eucaristía dominical, de la frecuencia de los sacramentos, de la lectura y meditación de la Palabra de Dios? ¿Qué hacer cuando la fidelidad conyugal y familiar comienza a pesar, la falta de fe empieza a asediar y el Evangelio a ser palabra dura?

Murmurando, “muchos discípulos lo abandonaron y no más andaban con Él [Jesucristo]” (Jn 6, 66), porque Su palabra era insoportable a los oídos y incomprensible a la razón humana. “¿También quieren irse?” (Jn 6, 67).

En el seguimiento de Jesús sólo se aceptan voluntarios incondicionales. Los miles de personas en la multiplicación de los panes se quedaron reducidos a pequeños grupo de amigos más íntimos de Cristo. Para recibir beneficios personales jamás faltarán multitudes entusiasmadas. Ahora, los verdaderos discípulos de Jesús son siempre menoría.

Cuando las exigencias de la fe aumentan, el abandono es general. La mayoría entiende más de pan que de discipulado. Cuando todo va bien, la adhesión a Cristo queda más atrayente. Pero la fe no puede ser confundida con seguro de vida o de salud. La fe trae en sí exigencia que inquietan y llevan a la desinstalación.

“¿A quién iremos, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68). Cristo se presenta como opción única y absoluta. No hay otro mesías a elegir, no hay otro camino a seguir.

Todos tenemos dificultad para asimilar las palabras de Jesús en nuestra vida. Justamente porque pensaban en categorías carnales, muchos oyentes de Jesús no podían aceptar un Mesías que viniera de carne humana, es decir, humilde, manso, sirvo, ajeno a la grandeza del sueño. La carne de Jesús no combina con la sed del suceso, con el incómodo del compartir, con nuestra entrega para la vida del mundo. Confundimos la gloria de Cristo con espectáculo religioso. Volvemos el rostro a Su imagen desfigurada en la persona del mendigos, de drogados, de bandidos y sufridores de la calles. Esa es una “carne” que nos incomoda y sería mejor desviarla, aunque sepamos que esas personas también pueden ser alimentos para nuestra caminada y certeza del Reino que el Padre nos preparó (cf. Mt 25, 33-34).

Todo pasará, inexorablemente. Sólo Cristo permanece como única esperanza para el ser humano, siendo de valores perennes. Sólo la Palabra es más resistente que el tiempo, capaz de asegurar la vida eterna.

Mientras dure nuestra peregrinación en la fe y en la esperanza, rumbo a la eternidad nos cabe la decisión de elegir entre el bien y el mal, entre Dios y los demás ídolos. En la vida de todo ser humano llegará el momento de elección definitiva. Mi opción, mi única opción es Cristo. Sólo Él tiene palabras de vida eterna.

Mons. Nelson Westrupp
Obispo de la diócesis de Santo André (SP), Brasil.

Un comentario para “Optar por Cristo”

  1. ¿Necesito ir a terapia? at Canción Nueva Dice:
    10/09/2009 às 18:09

    [...] que están seriamente trastornados. De hecho, precisamente lo contrario tiende a ser verdad. La decisión de ir a terapia es con frecuencia una señal de salud mental, una señal de que una persona es lo [...]

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