¡Nada temeré!

22/09/2009

Normalmente caminamos muy bien, hasta que surgen las enfermedades. En esos momentod nuestras emociones hablan más alto, surge todo tipo de preocupaciones, la inseguridad comienza a dominarnos, la ansiedad nos envuelve, en fin, todo se transforma. Ese es el momento de la fe y de la confianza en Dios que siempre nos acompaña y nunca nos abandona. Es el momento de pasar por el valle oscuro, pero sabiendo que hay un Pastor que nos ama y nos cuida.

Confía en Dios y en aquello que él tiene para ti. Aún sin entender el por qué de las dificultades que estás pasando, acéptalas, pues Dios está contigo en todo momento.

“Siempre aceptamos la felicidad como un don de Dios. ¿Y la desgracia? ¿Por qué no la aceptaríamos? (Job 2, 10)

Necesitamos estar firmes en Dios; ser hombres y mujeres de fibra, combatientes que enfrentan todas las dificultades que puedan aparecer. El sufrimiento nos da temple de guerrero.

Dios es Padre y cuida de nosotros en todo momento, por eso no debemos de desesperarnos. El conoce nuestras necesidades, miedos y de todo lo que aflige nuestro corazón.

Cuando te entregas a la tristeza y a la desesperación, estás dejando de creer en Dios. Es decir, dejas de dar “crédito” a Dios para dar “crédito” a la dificultad que estás enfrentando. Dejas de poner la confianza en Dios y pones la confianza en la situación que estás viviendo. Es exactamente lo que el enemigo quiere: que no creamos en Dios y nos entreguemos a la tristeza, hasta llegar a la desesperación y a la depresión.

El objetivo del demonio es dejarnos envueltos en la tristeza para que dejemos de vivir.

Dominados por la tristeza, nuestra vida se convierte en  un problema. Y las  más mínimas cosas, no las aguantamos y nos entregamos.

Un combatiente no “pierde la cabeza”. El mantiene la sonrisa aún en la tribulación, pues sabe que tiene un Dios a su favor.

Que el Señor te visite en este día. Él nos hizo para la felicidad. Trazó un plan de amor para nosotros. Es derecho de Dios cosechar de nosotros esos frutos.

Del libro: “Combatientes en la alegría” del Monseñor Jonas Abib

Comentarios