Evangelizando a través de lo bello

10/09/2009

Un auténtico amor al Evangelio nunca nos deja interés. La Buena Nueva es, ante todo, “amor en acto”, y como tal no paraliza al hombre, sino lo mueve a amar. Las palabras del Evangelio siempre nos ponen delante de una realidad de amor, sea cuando es Cristo quien ama, sea cuando él nos prueba con su vida, que necesitamos amar.

El arte es la forma más bella que el hombre encuentra para actuar. Ella es, o debería ser, fruto de un movimiento que, iniciado en el amor, se vuelve el ápice de la expresión y de la comunicación humana. Si hoy el arte se desvía de su fin, de llevar a las personas a una experiencia con Dios, es porque está herida en su esencia, que debería ser siempre el amor.

En cualquiera de sus manifestaciones: pintura, danza, música, teatro…, el arte es la mayor manifestación de la belleza que puede nacer del corazón de alguien; en cuanto el Evangelio es la mayor prueba de amor que Dios puede dar a los hombres: ¡Cristo en medio de nosotros! Estos dos movimientos: El Evangelio y el arte, ponen la humanidad en evidencia y nos llevan a ver que todo gana un nuevo sentido cuando es engendrado en el amor. El Evangelio ya trae en sí la plenitud del amor, que es Jesucristo, en cambio, el arte ni siempre tiene amor como impulso inicial.

La verdadera arte es el Evangelio encarnado de forma bella por el hombre.
Primero, el artista recibe un don de Dios, después necesita amar ese don y, por fin, usarla en pro de la evangelización. Muchas veces, se acostumbra invertir esta orden y, usamos el don antes de amarlo, estaremos ofreciendo a los hombres algo que el mundo y el pecado también puede ofrecer: una arte indiferente, que niega o olvida el amor. Las personas necesitan de un arte nuevo, santo, esencialmente evangélico, que las convenza de que no hay nada mejor que el vivir de amor.

Ante todo, el arte necesita ser amado, después expuesto. El propio Papa Juan Pablo II nos motiva a empeñar todas las fuerzas en favor del “Bello Amor”, de la construcción de la belleza como reflejo de Dios para el mundo. El arte es capaz de mover el amor en el hombre, amor que es raíz del Evangelio. Es por amor a Jesús y su Evangelio que se debe hacer toda manifestación artística.

Cuando la inspiración artística proviene de un corazón lleno de amor al Evangelio, puede inflamar a muchos otros corazones con ese mismo amor. Dios se muestra a nosotros de forma bella y, así, nos lleva a una verdadera experiencia con él.

Cada artista debe ser consciente de que es un instrumento, porque, en verdad, es Dios el Autor de todo el bien que el arte comunica. El Creador no borra la participación del artista, solo la esconde, porque sabe que el mundo no necesita del arte ni del artista, sino del amor que se esconde en ambos.

El artista, al hacerse “vehículo” de evangelización, encarna lo que dice San Pablo: “ya que os fue predicado nuestro Evangelio no sólo con palabras sino también con poder y con el Espíritu Santo, con plena persuasión.” (1Tes 1,5).

Cuando como artistas, estemos haciendo nuestra arte, remitir la humanidad al Evangelio, estaremos, de hecho, abriendo caminos para que Dios realice grandes prodigios en el corazón de su pueblo.

Cristiano Pinheiro C. Bedê
Responsable por el Ministério de Música de la Comunidad Shalom

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