El Señor tiene una vocación y una misión para cada uno de nosotros, como lo tenía para cada uno de sus apóstoles. El Señor quiere servirse de tu profesión para rescatar a las personas.
Las vocaciones son diferentes, unos salen de casa para seguir el llamado de Dios; otros, se quedan en casa para realizar la misión que Dios le confía. La mía, por ejemplo, fue salir de casa para enfrentar el seminario y, hoy, ser padre. Pero, si tu vocación es quedarte en casa, como padre de familia, hace falta que lo hagas bien. Debes saber que la resurrección llegará a tu casa y las cosas serán transformadas.
Tu vocación exige una renuncia. Abraza tu cruz y deja de lado todos los miedos, todas las dificultades y todo lo que te impide realizar tu vocación.
No hay vocación sin cruz. No hay amor sin renuncia. Aquel que es llamado al matrimonio renuncia los valores de la vida religiosa y los que son religiosos renuncian a los valores familiares, de tener esposa, esposo e hijos. Todo camino vocacional es camino de renuncia. Y esa renuncia es optar por lo que Dios eligió para nosotros como vocación.
Cuando uno acoge su vocación, está acogiendo el camino de Dios para su vida.
Que Dios te bendiga,
Tu hermano
Mons. Jonás Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









