Las armas contra el diablo

18/08/2009

Las flaquezas de satanás:

La oración de la alabanza

El diablo no soporta la alabanza y eso por algo muy simple: Lúcifer, o “portador de luz”, se transformó en satanás exactamente por que no quiso alabar a Dios. ¡Eso es obvio! Por lo tanto, la alabanza para él es muy fuerte y pesada. Si nosotros queremos luchar contra el diablo, no tenemos otra cosa que hacer sino comenzar a alabar a Dios. Existen fieles laicos que dicen: “Pero, yo tengo miedo”

Si conoces a una persona que necesita de ayuda ni siempre es necesario que hagas oraciones de liberación por ella. Si existe un grupo de hermanos que rezan juntos, comiencen a alabar a Dios ignorando al enemigo, y la alabanza lo incomodará de tal modo que él huirá.

Una pregunta que muy hecha en estos días es esta: “¿Por qué el diablo se presenta más hoy que en tiempos pasados?” Hubo un tiempo en que el diablo trabajaba escondido, ignorado por todos. Hasta hace poco tiempo atrás existían poquísimos o casi ningún exorcista, no porque no existieran personas que necesitaran, sino porque nadie percibía esa necesidad. Hoy es diferente. ¿Y cuál es la razón de que el diablo parece más activo en esos últimos tiempos?

Por la gran alabanza que está siendo hecho, ¡él no soporta! Esto podría ser ejemplificado como un ratón escondido en un agujero; si derramas agua caliente allí y, no a pudiendo aguantar, él es obligado a salir del agujero. ¡La alabanza hace que el enemigo huya!

Toda esta lucha que el diablo traba, hoy, no es porque él está más fuerte que antes, sino, probablemente, porque está más débil. Gracias a toda la alabanza que es hecho – especialmente en los grupos de oración –, por medio de esos movimientos espirituales (en particular el movimiento carismático), el maligno pierde el control y no sabe que hacer. Por esa razón, nosotros tenemos que continuar luchando a través de la alabanza.

La obediencia

La segunda cosa que el diablo teme es la obediencia. ¿Por qué? Porque él es desobediente. De esta forma, todo lo que él sugiere es la desobediencia, sugiere continuamente la desobediencia. Nosotros, sacerdotes, en particular, debemos estar muy atentos a eso, pues es fácil caer en las trampas del enemigo.

La humildad

La tercera cosa también temida por el diablo es la humildad. Él sugiere el “poder”. Al final de cuentas, él es aquello que es: satanás, porque quería tener el poder. Cierta vez, un exorcista hizo una pregunta para él: ¿Por qué tienes pavor de Maria? Y él dijo: “Tengo pavor de aquella mujer, de su gran humildad”. La humildad es una virtud que el enemigo de Dios teme más que a nosotros, propiamente, porque esa virtud va contra la naturaleza de él, pues él es soberbio, orgulloso, poderoso y hace lo que quiere. La humildad va contra todo eso.

Artículo extraído del libro “Cura del mal y liberación del maligno” de Fray Elias Vella (OFM)

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