La vocación y los dones de Dios son irrevocables

03/08/2009

Todos somos vocacionados, y nuestra vocación primaria es a la santidad.

Lo más característico: vocación es una entrega. Entregarse totalmente al Señor y dejar que Él actúe.

El Señor dijo a Abraham: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”. Abraham partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abraham tenía setenta y cinco años’ (Gn 12, 1-4).

Abrahán salió y consiguió. Vocación es seguir a Dios sin ninguna seguridad. Nuestra vocación es dar respuestas diarias.

Hace falta que haya coherencia en nuestro llamado, la vocación está dentro de nosotros y hace falta corresponderle. Imagínate si Abrahán no fuera coherente con el llamado de Dios. Por medio del sí de Abrahán muchos vinieron.

Los talentos que Dios nos dio no son para nosotros, sino para los demás. Por eso hace falta ser coherente con lo que Dios nos da. Hace falta decisión.

Los dones y la vocación son irrevocables. Dios no elige a los mejores, sino capacita a aquellos que se deciden. Todo depende de nuestra decisión. Yo nunca soñé en ser sacerdote, era concejal municipal en mi ciudad y en un encuentro con el Mons. Jonás sucedió el llamado en mi corazón y con fe y con osadía di mi “sí”. Como Abrahán fui invitado a dejar mi seguridad, mis sueños. Fue necesario decidir y seguir con fe.

En nuestra entrega de corazón, Dios manifiesta su amor. Vocación significa andar por donde no se sabe, es andar en la oscuridad y dejarse conducir por Dios.

Yo, al mismo tiempo que tenía todo, no tenía nada antes de entrar en Canción Nueva. Hoy no tengo nada. No mando, otras personas deciden por mi vida, pero puedo decir que tengo todo, porque le tengo a Jesús.

Responder a la vocación es responder a Dios. Si hubiera seguido la carrera política, talvez seguiría mi voluntad y no la de Dios.

Yo vivo el hoy, el mañana a Dios pertenece. Todos somos invitados a responder al llamado del Señor.

Quien tiene oído para oír oiga lo que el Espíritu dice a la Iglesia: para aquel que vence daré el maná escondido y le daré una piedra blanca, donde estará escrito un nuevo nombre que nadie conozca, a no ser el que recibe.

Mucha gente me dice: Bruno, usted no tiene cara de sacerdote. Gracias a Dios, puedo no tener cara de sacerdote, pero tengo corazón de sacerdote.

Jesús, cuando murió en la cruz, murió para nuestra salvación. Somos electos por la Sangre de Jesús, por eso necesitamos corresponder con coherencia el llamado para el amor.

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Padre Bruno
Misionero de la Comunidad Canción Nueva

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