“La Santísima Virgen participa de la victoria de Dios sobre satanás. Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.’(Gn 3, 14-15).
María es la nueva Eva, pues venció al pecado. Dios se sirvió de ella para “engañar” a la sagacidad de la serpiente, que es satanás. Sabemos que Cristo vino para destruir las obras del demonio, y eso fue posible porque Dios quiso que Él se encarnara en el seno virginal de María. Dios hizo esa gracia posible por intermedio de Nuestra Señora, por eso, Ella es odiada por el demonio, pues Ella trajo en el seno materno Aquel que es Salvador de la humanidad.
Lo que Lucifer perdió por el orgullo, María ganó por la humildad.
Ella, por su perfecta fidelidad a Dios, salvó consigo a todos los hijos y siervos consagrándolos a Dios. María es la grande ‘venganza’ de Dios contra satanás. Donde está María, allí, el espíritu maligno no entra. Donde Ella es venerada y tomada por Madre, satanás no tiene poder de entrar. Él tiene miedo de ella, pues por su humildad y por su Sí, Ella lo derrotó. Donde estés, necesitas estar en la presencia de la Virgen, aquella que venció al mal con su Sí a Dios.
Nosotros también sólo vamos a conseguir vencer a satanás por medio de nuestro sí a Dios. Necesitamos abrir nuestro corazón, nuestra casa, nuestra vida a la presencia de la Virgen. Donde Ella está, ahí están Jesús, la victoria de Dios y la derrota de satanás. Ella le aplastó la cabeza, y por eso él la teme tanto.
¡Maria trae la victoria de Dios para nuestras vidas!
Padre Reinaldo Cazumbá
Consagrado de la Comunidad Canción Nueva









