La tristeza es un don de Dios

21/08/2009

Quiero compartir con ustedes la carta de San Pablo a los Filipenses que es la carta de la alegría. En todo momento nos invita a vivir alegres.

Quiero usar la carta de los Filipenses donde él habla de la alegría muchas veces en esta carta, usa la palabra “alegría” unas 16 veces o esa palabra o un sinónimo. ¿Y dónde y cómo estaba Pablo cuando escribió esta carta? Pues, estaba en la cárcel, sí, encarcelado, imagínense, si ahora es feo estar una celda, piensen en lo que sería la celda de aquellos tiempos.

Ahora pensemos en las cosas que alegran la vida de los jóvenes en la actualidad.
Un joven se alegra colectivamente, está en un grupo, cuenta chistes, hace bromas, pasa un buen rato, más ni bien queda sólo, llega a la casa y larga la cara y percibe que esa alegría era como un globo, sólo lleno de aire, sin verdadero contenido.
Los jóvenes gustan de estar en manada, son animales gregarios…

¿Qué es la tristeza? Es un don de Dios, es algo que Dios dio como regalo. Porque así el hombre la sentiría al perder a Dios. Fue para eso que Dios nos la dio. El hijo pródigo sintió tristeza al ver que estaba lejos de su padre y decidió volver, por este impulso de tristeza.

Si estás triste, es porque has perdido a un dios, no a nuestro Dios, sino que a un dios. Porque has buscado a Dios en los placeres, entonces creas a un dios, un dios de los placeres, por eso, cuando pierdes a este dios, llega la tristeza.

Cuando estás triste es porque has puesto a un dios en el lugar que sólo a Dios corresponde. Puedes ser el dios del placer, de la dependencia de la moda. Y muchos otros placeres.
Entonces la tristeza es un don de Dios que Él nos dio para que caigamos en la cuenta de que hemos perdido a Dios cuando pecamos. Pero no es para que nos sintamos perdidos, sino que para que volvamos a él.
Puede ser un don usado para bien o para mal, como todos los dones que Dios nos dio.

Por eso, si estás triste, examina tu conciencia y ve por qué estás triste. Ve cual es el dios que creaste que ha caído y te ha dejado.

La felicidad es Dios, si pones en su lugar a tu novio o a tu novia, transformándolo en un dios, la tristeza llegará a tu vida, porque nadie puede ser Dios para nadie, nadie puede ocupar ese lugar que sólo corresponde a Dios, todas las personas somos un camino que puede indicar a Dios, pero no somos dioses.

Volvamos a San Pablo para poder ver lo que es la verdadera alegría y la alegría de este mundo. San Pablo es una persona in-cre-i-ble, es un gigante, cualquiera de nosotros somos un gusanito a su lado: (2 Cor 11, 24) detalla todo lo que él paso. Cuando dice 40 veces menos 1 es porque esa era la ley, no azotaban 40 porque pensaban que no aguantarían. Pero 5 veces fue azotado, es decir 175 latigazos recibió. Es un milagro la supervivencia física de este hombre. Fue flagelado, apedreado, naufragó. Atravesaba ríos, sin puentes, anduvo a pie kilómetros y kilómetros, dormía en las calles, pues no había hoteles, ni aunque hubiera, él era un misionero, pobre, descansaba en las calles, a la merced de los ladrones…

En medio de todo esto, este es el hombre que dice “alégrense en el Señor, les repito, alégrense.”

San Pablo, exorcizó a una pitonisa, a una adivinadora del futuro. Esta mujer comenzó a andar detrás de él todo el tiempo, entonces él la exorcizó, sólo que esta mujer era una esclava y los jefes sacaban provecho de esta situación, por eso fue preso por estas personas. Y miren, ensangrentado, flagelado, San Pablo está cantando “himnos de alabanza”, su alegría no venía de haber tomado cocaína, no. Él estaba lleno de la alegría de Dios, de la alegría que viene de cielo, esta es nuestra alegría.

Eso es lo que debemos saber: existe la alegría que no se apaga con las luces del sábado por la noche, y esta es la alegría que sé que tú quieres, porque tú quieres a Jesús, que es la única alegría que no se acaba.

Ahora, ¿Cómo alcanzar esta alegría? Vamos a la parte práctica.
En medio de la persecución que él llevaba adelante (san Pablo), se encuentra con Jesús y experimenta que Jesús, Aquel a quien él perseguía era quien más lo amaba y eso lo irritó profundamente, porque él odiaba a Jesús. Él era un hombre de ley, respetaba la ley, y odiaba a Jesús porque no se sabía amado. Por eso cuando se encuentra con el Jesús que lo ama, él se irrita, porque, como él mismo lo dijo, se sintió amado, “cuando aun era pecador”
Jesús no espera que te conviertas para amarte, en medio del pecado, él te ama.
Esta es la experiencia de San Pablo, se siente amado en medio del pecado.

Jesús era Dios, siendo Dios se encarnó en una mujer virgen, murió por nuestros pecados y resucitó, es todo lo que Pablo escribe de Jesús. Bien corto y concreto. San Pablo ve claramente que aquellos sufrimientos son nada porque no importa lo que haga, donde haya llegado, Jesús me ama inconmensurablemente, hasta el punto de haber muerto y resucitado por mi, amarme sin importar mis pecados y que nada puede cambiar este hecho, esa es la verdadera alegría que no podía ser mayor que los sufrimientos.

San Pablo era un hombre que hacía milagros y prodigios. Está escrito que sólo su servilleta pudo sanar a una persona. He aquí la respuesta para los que cuestionan nuestras reliquias.

La caridad de Cristo es urgente, por eso San Pablo no pide a Jesús que le saque los sufrimientos, sino que quiere sólo transmitir ese amor insuperable de Cristo.

“Cuidado con los perros”, dice San Pablo, y yo les digo, estos no son los judíos, sino que aquellos que quieren comercializar con el Evangelio.

Me disculpen, pero esta es la verdad que muchas llamadas “iglesias” están queriendo vender, y muchas personas buenas están dentro de estas iglesias, que necesitan conocer la verdad del amor de Cristo.

El camino que satanás usa para perder las almas, es crear falsos dioses para que cuando los pierdan, estos se queden tristes y piensen que lo han perdido todo.

El amor de Cristo nos empuja, nos impulsa, ese es el amor que necesitamos experimentar para encontrar la verdadera alegría, aun en medio de las pruebas, los sufrimientos, las persecuciones. Porque nosotros sabemos que nuestra vida no es para este mundo, porque, como San Pablo dice, que los sufrimientos de esta vida en nada se pueden comparar con la gloria que nos espera.

San Pablo dice, “corro para alcanzar a Cristo, no que ya lo haya alcanzado, sino que Cristo ya me alcanzó”. Cristo ya nos alcanzó, pero nosotros no hemos alcanzado a Cristo. Es nuestro deber decir esto.

Por eso es que San Pablo dice la siguiente frase: “dejando lo que está atrás, me lanzo para el frente”. La palabra en griego “hecpectasis” que San Pablo usa significa precisamente eso: un último impulso, aquel que el corredor hace para poder ganar por un cuerpo de ventaja, el último esfuerzo, el “lanzarse para adelante”. Si San Pablo, un gigante, dice que él aun no alcanzó a Cristo, ¿Cuánto más no debemos decir nosotros, pobres gusanos?

Eso es lo que debemos hacer, lanzarnos para adelante, dejando atrás todo lo que nos aparta de Dios.
Ustedes que son jóvenes, que son “gregarios”, que andan en grupos, hagan eso mismo, únanse, no anden solos, no se puede ser de Cristo y querer andar solo. Necesitamos de la Iglesia, de grupos de oración, de algún grupo. Pero sí, vamos a encontrar personas difíciles, duras, pero eso no es motivo para abandonar la Iglesia, miren a San Pablo, él se dejó consumir totalmente por los hermanos. Fue el amor de Cristo el que lo impulsó a evangelizar. Nosotros no podemos quejarnos de las cosas que vivimos por la evangelización. En los momentos de quejas, de murmuración, viene a mi la figura de San Pablo, y siento vergüenza de no sentir alegría, pido perdón a Dios y continúo.

No entres en la Iglesia para ser amado, tú ya fuiste amado, por Aquel que te amó primero. Tú no estás en la Iglesia para ser amado, sino para ser para los otros, amor. No murmures contra las personas que están en tu comunidad, en tu parroquia, ¡ No!; ¡EL AMOR DE CRISTO NOS URGE! Amemos, amemos, dejemos todo para atrás y lancémonos a hacia la meta. Alégrense, alégrense, alégrense y de nuevo, les digo alégrense en Dios, dejen para atrás las miserias, los pecados y láncense en la alegría de ser y servir a Aquel que ya nos amó y murió y resucitó por nosotros. Sin importar hasta donde llegaste y lo que hayas hecho, ¡HOY sólo lánzate a

padre-paulo
una nueva vida una vida en el amor!

Padre Paulo Ricardo

Prédicación durante el retiro PHN

4 comentarios para “La tristeza es un don de Dios”

  1. elizabet coromoto Dice:
    21/08/2009 às 23:09

    paz y amor soy madre de tres hijos y un nieto gracias a dios estoy triste por que hija de 11 años esta enemorada

  2. isabel pinto Dice:
    21/08/2009 às 16:09

    que bueno es estar triste soy madre de tres hijos maravillosos y un marido ejemplar mi hijo mayor no tengo palabras para consolar su pena de amor solo me resta abrazarlo y decirle ES UN DON DE DIOS estar triste.

  3. margarita Dice:
    21/08/2009 às 00:02

    se que paso pr esta tristeza y dios me la dio por que sabe lo que estoy viviendo mi hijo y yo estamos en espera de mi marido que reflexione pero no la da para que volvamos a el que estemos mas cerca de el y lo alcansemos amen.

  4. carlos Dice:
    21/08/2009 às 20:11

    tengo 22 años, me siento muy triste por que extraño mucho a mi hermosa familia. gracias dios por bendecir siempre a mi familia y a las del mundo entero. los veo cada fin de semana por que estudio en la ciudad, y estas tardes tristes me hacen llorar por que no los tengo a mi lado. gracias dios por eneñarme que lo mas hermoso que tengo en la vida es mi familia!! bediciones a todos!!

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