Del caos vendrá el orden

27/08/2009

La palabra caos significa ausencia de orden. Es usada en la narración bíblica de la creación, como una figura de lenguaje para denominar a lo que precedió al cosmos (del griego = orden) que fue establecido por la palabra creadora de Dios.

El orden fue precedida por el caos y la presencia tuvo como impulso – condición para la existencia – la ausencia. Eso revela que la acción creadora de Dios es, a veces, paradoxal y que su lógica, muchas veces, se revela, a nuestra comprensión, ilógica.

Nuestros raciocinios funcionan dentro de conceptos y esquemas preestablecidos, que acaban condicionando toda la realidad que nos circunda, de acuerdo con ese pensamiento: “todo para ser, de hecho, bueno hace falta ser o estar según nuestros conceptos y según lo que juzgamos correcto”. Y, cuando las cosas se distancian de nuestro supuesto orden sufrimos profundamente la experiencia de la angustia y de la crisis.

El Todopoderoso es especialista en confundir los esquemas humanos y en frustrar los caminos de nuestra limitada lógica. El Señor, con su perpetua acción en el espacio y en el tiempo, continúa haciendo con que el cosmos (el orden) acontezca en el territorio humano, por medio de la experiencia del caos (desorden).

La experiencia del caos es extremamente formativa y agrega eternidad, pues, cuando la criatura se percibe sin el debido control de sí, principalmente en lo que desea y siente, puede, verdaderamente, tornarse barro en mano de alfarero (Cf. Jeremías 18, 1-12), sin querer dirigirlo y manipularlo.

El estado de impotencia, que confía y se abandona es la condición más fecunda para la acción de Dios, pues, cuando el ser sabe y entiende demasiado corre el riesgo de impedir la obra del Eterno en sí al querer tener en todo las riendas de la propia existencia.

Dios sabe lo que es mejor para nosotros y entiende lo que nos sucede. A nosotros nos cabe el abandono. Qué pena que muchas veces nos falta la confianza y somos orgullosos, a punto de querer tener el control de todo, deseando hasta que la acción redentora del Señor acontezca de nuestra manera y se encuadre a nuestros esquemas.

Es la lógica de Dios la que salva – por mas ilógica que nos parezca – y no la nuestra. Por eso, cuando quiebra la estructura de nuestros esquemas y concepciones, debemos abandonarnos en Sus manos, creyendo que del caos vendrá el orden.

Existe un desorden redentor, en el cual el ser se vuelve caos por la acción de la gracia, para que esta suscite el posterior reinventarse. Aunque el corazón sea destronado en su creencia y pensamiento, hace falta que confíe. Dios sabe lo que hace y es el que más desea nuestro crecimiento y madurez.

Ante eso, cuando la experiencia del caos y de la impotencia nos visite, seamos dóciles y dejémonos transformar en la obra de Dios. Así seremos humildes para que nos percibamos hijos – impotentes y dependientes – de Dios y no de sus hermanos – aquellos que todo saben y que están en igualdad de posición.

La impotencia es una secreta posibilidad de filiación. El desorden es condición de la posibilidad para que el orden acontezca.

Confiemos más en Dios que en nosotros mismos y pidamos que Su lógica/acción nos conduzca al Cosmos eterno, donde las realizaciones serán constantes y la felicidad se añadirá perennemente a lo que somos.

Adriano Zandoná
artigos@cancaonova.com
Seminarista e misionero de Comunidad Canción Nueva

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