¡A la mesa!

10/08/2009

Hace tiempo compartiendo con un grupo de personas, les hacia esta reflexión a modo de conversación, tratando de comprender como aceptamos o rechazamos a Dios de nuestras vidas.

ImageImaginemos que me invitan a comer, aclaro es un ejemplo, y quedamos en el lugar, hora y fecha.
Llego al lugar, me reciben, y se inicia una conversación en lo que se acaban de preparar la mesa para este encuentro.

Minutos después nos avisan que esta todo listo y nos indican que podemos pasar a la mesa.
¿Qué pensarías si te dijera? no tengo hambre, pero desde aquí los veo, supongo que ustedes insistirían en que pase a la mesa.

A lo que yo dijera “mira la verdad es que comí algo en el camino, no tengo hambre, pero ustedes coman, desde aquí los veo”.

Supongo que ustedes insistirán un poco más, diciéndome: “la comida fue pensando en ti, en tu visita, por favor acompáñanos con algo, acércate a la mesa, aunque sea poquito”.

¿Qué pensarías si te dijera? “Mira no tengo hambre, de verdad, desde aquí los veo, ustedes coman, yo los veo”, supongo que insistirían más y me dirías, aunque sea un vaso de agua, algo sencillo, para convivir.

¿Qué pensarías si dijera? La verdad es que vine por compromiso, tu comida me da asco, comí algo antes para no comer aquí.

Se que me dirías y con justa razón, estoy pensando ahora mismo lo que me dirías: “que se cree este que viene a mi casa a despreciarme y a ofenderme”, “lo que le doy se lo doy de corazón, por que me hace esta grosería” no se que más cosas podrías pensar de mi, en estas circunstancias.
Pues eso mismo hacemos cuando participamos de la Eucaristía, cuando el sacerdote nos dice: “acércate la mesa esta servida”.

Decimos: “no gracias, ya comí, pero desde aquí los veo”, o decimos “la verdad es que comí algo en el camino, algún pecadillo y ahora no puedo, un poco de odio, rencor, egoísmo, y no tengo hambre”.
Pesamos que despreciamos al sacerdote, al hombre que esta enfrente de nosotros, pero en realidad es a Dios mismo a quien le cerramos la posibilidad de alimentarnos.

En un artículo anterior decía que somos lo que comemos. Ahora la idea es distinta, no solo lo que me alimenta negativamente me marca, sino que hace que deje de alimentarme de lo verdadero, nutritivo, que me fortalece.

Jesús en el evangelio nos dice: “yo soy el pan de vida, el que viene ami no tendrá hambre, el que viene a mi no tendrá sed”.

Pero ¿qué le decimos a ese pan de vida? No gracias, tu comida me da asco, como en el ejemplo anterior.
Todo es mejor que alimentarme de él, de ese pan y esa sangre que quita la sed.

Preferimos bombardearnos con imágenes, ideas, situaciones que nos dañan, lastiman, desconfiguran, y hacen vivir en una gran desnutrición, comemos mal, estamos obesos de cosas que no sirven, pero nos da miedo limpiar el organismo, para nutrirlo de lo que si me alimenta.
Me refiero a la confesión y a la comunión. Esos dos medios de salvación que Dios nos da para lograr nutrir nuestra vida.

Justificaciones puede haber muchas, “que si los padres, que si la Iglesia”, una interminable lista de pretextos, para no asumir mi compromiso conmigo y con mi alimentación, mi nutrición.

La invitación es sencilla de decir, a veces no tan fácil de realizar, acércate a Dios, quita eso que te ha desnutrido, que pareciera que te alimenta, pero en realidad solo te ha engordado, desnutrido, como aquel que solo come golosinas, esta llenito, pero nada que lo nutra y lo hace mas vulnerable a todo, enfermedades y males. Cuando eso pasa lo primero que dice el doctor es “necesita una dieta, cambiar sus hábitos alimenticios, cero grasas, cero harinas, etcétera” así pasa con nuestro espíritu, como esta alimentado, ¿de qué? Esa es la invitación de este mes, gracias a todos los que me leen y a todos los que forman parte de esta revista.

Confío estar todos juntos y reunidos en la misma mesa un día en el banquete eterno.

Dios bendiga sus hogares.

Carlos Escorza Ortiz
Fuente:golgotaonline.com

Un comentario para “¡A la mesa!”

  1. lilia Dice:
    10/08/2009 às 01:01

    Gracias por compartir artículos de nuestra Fe.
    Que Dios esté con ustedes.

Comentarios