En nuestras vidas trabamos muchos combates. Luchamos contra el pecado, las malas inclinaciones, los sentimientos negativos que llenan nuestro corazón y nos trae confusiones. Nuestra vida es una lucha constante contra el mal y contra la tristeza.
La tristeza es como el dolor: llega sin previo aviso. Pero no podemos entregarnos a ella. Al contrario, el secreto es: resistir.
Sabiendo de eso el Señor nos instruye: “No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus pensamientos. La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días.” (Eclo 30, 21-22)
Dios nos da la orden de no entregarnos a la tristeza, pues ella ya causó la pérdida de muchos. Él no quiere vernos morir por causa de eso. Muchas personas ya murieron psicológica y espiritualmente por causa de la tristeza. Personas que tienen enraizada en el corazón la tristeza.
La liberación radical de la tristeza es obra del Espíritu. Sólo él es capaz de erradicar de nosotros toda la tristeza y hacer que la alegría brote abundantemente en nuestro interior. Pero él necesita de nuestra cooperación, de lo contrario no podrá hacer nada.
Para que todas las raices sean arrancadas es necesario estar dispuestos y abiertos a eso. Dios nos da el libre albedrío: la decisión es nuestra.
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









