Queridos hermanos y hermanas, ¿Quién era José? Un hombre vendido por sus propios hermanos como esclavo. Dios que no desperdicia ninguna situación, Dios es capaz de quitar un bien de cualquier mal hecho y él se vale hasta de nuestras limitaciones y flaquezas para entrar en nuestros corazones. Muchas de las situaciones del pasado en nuestras vidas fueron oportunidades para que Dios manifieste su presencia, el problema es que muchos sólo ven una parte y no el todo.
¿Quién es el Señor de la historia? ¡Es Dios! Y cuando el vuelva, la última palabra será la de él. Necesitamos anunciar que el mal no tiene fuerza mayor sobre el bien. Hace pocos días leíamos en la Palabra de Dios aquella impresión que muchas veces tenemos, que Dios está durmiendo en la barca, pero mira para tu propia historia y ve que es como si fuese un rompecabezas donde el Señor iba colocando cada piezita de a poco. Él fue montando tu historia de salvación. Dios es el Señor de nuestras vidas y es Él quien va conduciendo nuestra historia.
¿Para qué el Verbo de Dios se hizo carne? Justamente para entrar en nuestra historia de salvación que ya era plan de la Santísima Trinidad. Dios nos sorprende, no fue fácil que recibieran a Jesús, aquel que entró en la ciudad sobre un burrito, aquel que lavó los pies de sus seguidores. Viendo los que él escogió podemos ver que Jesús no supo escoger muy bien a sus discípulos, uno era de un partido radical, otro un interesado, ¡Dios nos sorprende! En verdad, no es que Él no supo escoger bien, pero Dios tiene un gusto acabado, pues todos nosotros fuimos tocados por el infinito y eterno amor de Dios por nosotros. Tú fuiste amado con amor de preferencia, con amor escandalosamente grande, tú fuiste amado por Dios profunda y seriamente.
Reconoce los dones que Dios te dio y no te quedes deseando lo que los otros tienen, pues el Señor te exigirá por aquellos que él te dio. Tenemos mucho para ofrecer, nuestra responsabilidad es nadar contra corriente, coraje, osadía, fuerza para ser diferentes. Tenemos que tener coraje y osadía para que seamos fuente para saciar la sed de aquellos que buscan saciarse, no podemos ser agua parada. El cristiano que hace la experiencia con la Renovación Carismática Católica no tienen derecho a ser agua parada, tiene que ser fuente.
Estos mismos nombres que escuchamos en el Evangelio que eran frágiles, limitados, ¿cómo realizaban curas, liberaciones? Nuestro Señor quiere confiar sus dones, su gracia, sus carismas a cada uno de nosotros. Los apóstoles de todos los tiempos necesitan tener una pasión por el Reino de Dios y no a sus propios reinos, como su reino de corrupción, de mentiras, sino el Reino de Dios, de la justicia, de la gracia y del amor. Identifica dentro de ti los dones que Dios te dio. Don de ciencia, de cura, don de alegrar, confortar a los enfermos, don de cura. Todo lo que recibiste de Dios hace parte del tesoro de la Iglesia, úsalo para que ella crezca.
Proclama el señorío de Jesús sobre tus dones, no lo dejes como agua parada!
Monseñor Alberto Taveira Corrêa
Arzobispo de Palmas/TO y Director Espiritual de la RCC en el Brasil










09/07/2009 às 07:07
quiero saer aceca de dios