A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos (Jn 20,23).
El Sacramento de la Reconciliación o Penitencia es realmente fuente de cura y de liberación del cuerpo y del alma. A través de los sacramentos, Jesús continúa en la Iglesia, ministrando a los hombres su poder salvador. La Iglesia es el gran sacramento en el mundo, señal de salvación, de sanación y de liberación de los hombres y mujeres. El pecado deja a uno cautivo, pero la misericordia de Dios es eterna y no se deja vencer en generosidad. El amor de Dios cura y liberta por medio del perdón sacramental.
Lo que dice la Iglesia en su Catecismo:
S.6.21.5 Sacramentos de cura
§1420 Por los sacramentos de iniciación cristiana, el hombre recibe la vida nueva de Cristo. Esta vida la llevamos “en recipiente de arcilla” (2Cor 4,7). Ahora, todavía se encuentra “escondida con Cristo en Dios” (Col 3,3). Estamos todavía en nuestra morada terrestre, sujetos a sufrimientos, a enfermedades y a la muerte. La nueva vida de hijo de Dios puede debilitarse y hasta perderse por el pecado.
§1421 El Señor Jesucristo, médico de nuestra alma y de nuestro cuerpo, que redimió los pecados del paralítico y le restituyó la salud del cuerpo, quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de cura y de salvación, también junto con sus propios miembros. Esta es la finalidad de los dos sacramentos de cura: el Sacramento de la Penitencia y el Sacramento de la Unción de los Enfermos.
S.6.21.9 Sacramentos que perdonan los pecados:
§977 Nuestro Señor ligó el perdón de los pecados a la fe y al bautismo. Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará (Mc 16,15.16).
§987 “En la remisión de los pecados, los presbíteros y los sacramentales son meros instrumentos de los cuales nuestro Señor Jesucristo, único autor y dispensador de nuestra salvación, se colmase en servir para apagar nuestras iniquidades y darnos la gracia de la justificación”.
En esta semana una señora me buscó para contarme que hace cinco años ella estaba esclava de una situación en su vida, no tenía coraje de confesar, había llegado a intentar, pero cuando llegaba ante el sacerdote no conseguía, tenía vergüenza. Cuando se estaba confesando me decía, llorando: estoy experimentando la cura y la liberación. Es algo muy diferente. Es como si un nudo estuviese desatando en mi garganta y un peso saliese de mi espalda. Si ella supiera que iba a ser tan bueno y tan grande la liberación habría enfrentado antes, pues pecado que no es perdonado es pecado que no fue confesado. También tengo un testimonio fuerte en mi vida.
Cuando era más joven era viciado en la masturbación, casi diariamente me masturbaba, cuando le encontré a Jesús por medio de un grupo de jóvenes descubrí, también, la gracia de la confesión. Mi director espiritual, el Padre Jessè Torres, cuántas curas y liberación promovió conmigo, me atendía periódicamente, incluso de noche atendía mis confesiones. Fue una terapia de cura, confesión y consejo, Hoy, vigilo, pero estoy libre de la sombra de la masturbación y de la sexualidad y afectividad desequilibrada. Fueron gotas de cura interior que recibía en cada confesión, sin decir la formación y el don de la fortaleza que recibía después de asumir mis fragilidades. En aquella época ya tenía actitud PHN y no sabía, era una moción espiritual que después Dios colocaría en el corazón del Monseñor Jonas y de Dunga.
Experimenté la sanación y la liberación por medio del Sacramento de la misericordia y del perdón.
Mi bendición fraterna y te deseo que hagas una buena confesión.
Padre Luizinho,
Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva.










29/06/2009 às 17:07
[...] está a nuestra disposición también en el Sacramento de la Confesión; por el ministerio de la Iglesia y de los sacerdotes Cristo nos perdona de los pecados y lava [...]