Como dice un dicho brasileño: “el apresurado come crudo”.
Es verdad. Basta mirar los hechos.
Cuántas personas se encuentran infelices porque se separaron por haberse casado precipitadamente… Y cuántos jóvenes se encuentran ansiosos para casar, y contrariando a muchos, se casan antes del tiempo adecuado, y después como fruto de la impaciencia viven un verdadero infierno conyugal. Y lo peor es que acaban culpando a Dios por su infortunio.
Mientras uno actúa como desea, sin pensar en Dios, ni preguntarle nada, cree que está todo muy bien, pero cuando vienen los problemas…entonces, uno empieza a culparlo cruelmente, de modo que Él se vuelve el chivo expiatorio de la historia.
Es como el aborto: Mientras uno practica sexo inconsecuentemente no piensa en nada, pero después que ocurre el embarazo surgen las justificativas como: “No tengo condiciones de criar este niño”; o “no tengo una buena situación financiera, de manera que no podré darle una buena educación”. ¿Por qué uno no piensa en todo eso mientras concretiza el acto? ¿Dónde andaba tu “responsabilidad” en aquel momento?
Actuar precipitadamente en búsqueda de un placer inmediato muchos lo quieren, pero asumir las consecuencias de sus acciones, pocos, o casi nadie.
Saber esperar el momento adecuado es señal de madurez. Quien es maduro espera, quien no lo es, inventa motivos ilusorios para hacer su propia voluntad antes del momento correcto.
“La paciencia todo alcanza”, pues, la espera nos hace crecer.
Dios te dará lo que pides (si es de acuerdo con Su voluntad); pero, antes de eso, el Señor te prepara para recibirlo. Y puedes tener la seguridad que será siempre más de lo que Le hemos pedido. Basta apenas confiar y esperar.
Necesitamos aprender a no desistir de los demás, y principalmente de nosotros mismos. Todo tiene su tiempo, es necesario dar tiempo al tiempo, cada uno tiene su tiempo para madurar y crecer, de modo que no tenemos el derecho de desistir de las personas, movidos por nuestro inmediatismo.
Aquel que es maduro sabe esperar el tiempo de cada persona, el tiempo del amigo, del esposo(a), del compañero(a) de trabajo, etc. Hace falta creer en nuestros prójimos, mirando más allá de sus debilidades, pues el mundo está carente de personas que vean en los demás la virtud que está por venir, lo positivo que está escondido por detrás de la imperfección. Ya hay mucha gente que condena y apunta el error, necesitamos de gente que actúe de forma diferente.
Tú también no tienes el derecho de desistir de ti mismo. Calma. Poco a poco todo se arregla. Ten paciencia, pues, “¡la conversión es un proceso y no una mágia!.”
Ten cuidado con las personas que se creen demasiado prácticas y resueltas, y que son rápidas y buenas en todo, porque ellas, por innumeras veces destruyen a muchos que necesitan tener una oportunidad de ser gente, con todas sus debilidades, “gente que no nace sabiendo todo y que aprende poco a poco”.
A fin de cuentas, ¿de qué vale una perfección que sólo sofoca a los demás? Jesús jamás pidió eso a nadie. Al contrario, Él nos pide la misericordia.
“Paciencia no se gana, se conquista, mas, con mucha paciencia…” Si no entendiste algo de lo que dije, no te preocupes, calma. Poco a poco vas a comprender… Además, ¿quién te lo dijo que hay que entender todo?
Adriano Zandoná
Seminarista de la Comunidad Canción Nueva









