Un poder maravilloso llamado amor

05/05/2009

Dios nunca dejó de mirarte, ni tampoco dejó de escuchar tus oraciones. Él, porque te ama, ve tu corazón y sabe todo lo que te está pasando en este exacto momento.

El amor tiene el poder maravilloso de traer a la superficie los secretos y sanar el corazón de la persona amada. Entra en el cuarto oscuro del alma, no para acusar, sino para disipar los miedos y cicatrizar las heridas interiores. El amor son los ojos de Dios. Es con bondad y misericordia que te mira. Dios te comprende, aunque no le hables Él te acepta con amor sin que necesites explicarle cómo has vivido.

Dios es aquel de quien no necesitamos escondernos, Él nos acepta con todos nuestros secretos. Nos acoge como somos con nuestras cualidades y defectos, tristezas y alegrías. No es necesario fingir para que Dios te ame, pues ya te ama y te acepta como eres. Sus ojos se llenan de alegría por ti. Él conoce tu corazón y sabe que cosas son importantes para ti. Se interesa por tu felicidad porque te ama con amor apasionado: amor de Dios Todopoderoso.

Para demostrar la fuerza y la grandeza de su cariño él confiesa: “sacrifico riquezas para salvar tu vida, porque tú eres de gran precio a mis ojos. Te amo y me importo con tu bien” (Cf. Is 43, 1-5).

Cuando, en nuestra vida, el sufrimiento golpea con mucha fuerza o por demasiado tiempo, no es tan es fácil percibir al amor.

Las dificultades más duras suelen llegar de repente, sin avisar. La relación que termina sin explicación, la depresión que aparece, las peleas, las enfermedades, la muerte de una persona querida. A veces, parece que los problemas se ponen de acuerdo y aparecen todos juntos. Entonces, nuestras fuerzas se disipan y  se van nuestra felicidad y nuestras ganas de luchar. Poco a poco nos vamos sintiendo agotados y solos.

En los momentos de oscuridad y amargura podemos pensar: “El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí” (Is 49, 14); inclusive llorar afligidos: ¿por qué conmigo? ¿qué hice para merecer esto? Dios mío necesito de una salida.

Dios, que ve el corazón, siempre responde cuando la oración es sincera: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos, tus muros están siempre ante mi (Is 49, 16-16).

Dios te ama como nadie jamás te amó. Está a tu lado y nunca se olvida de ti. Nunca te abandonó, ni cuando te distancias de él. Conoce tus secretos más íntimos porque te ama. No te juzga por tus pecados, sino que quiere libertarte de toda angustia, porque desea lo mejor para ti.

La mirada de Dios no es como la de las personas que conoces. Las personas se prenden en las apariencias, pero Dios ve más allá. Su mirada llega donde ninguna otra mirada llega: en las profundidades del corazón. Por eso conoce sus luchas, dolores y sufrimientos.

Si se lo permites, hoy mismo, Él te atenderá y te dará la paz que necesitas. Va a ponerte de pie y te va a dar  la fuerza que ni imaginabas que podrías experimentar. Él mismo dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos” (Ex 3, 7-8).

La mirada de Dios sana. Y la oración es el momento en que el corazón se abre delante de Dios. En la oración, reconozco mis enfermedades, sufrimientos, pecados. Me abro al perdón y puedo sanarme. Puedo nacer nuevamente.

Un hombre se vuelve nuevo cuando acepta que Dios sane su corazón herido por el pecado. Una mujer nueva es aquella que se vovlvió más madura, más saludable, más linda, más sabia y más perfecta.

Dicen que la mujer siempre mejora cuando se convierte en madre. Sin embargo, que lo que da bellezad no sólo a las madres, sino a todos es aceptar ser mirado o esposa, con amor. Quien acepta ser amado se pone más lindo, más bondadoso. Se vuelve mejor, una persona nueva.

Hay quien dice que el amor es ciego. El amor es la única fuerza que nos hace ver lo que en la vida vale la pena. El amor son los ojos de Dios, que están mirándote.

“Yahve tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el oprobio que pesa sobre ti. He aquí que yo haré exterminio de todos tus opresores, en el tiempo aquel; y salvaré a La coja y recogeré a la descarriada, y haré que tengan alabanza y renombre en todos los países donde fueron confundidas. En aquel tiempo os haré venir, en aquel tiempo os congregaré. Entonces os daré renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo vuelva a vuestros cautivos a vuestros propios ojos, dice Yahve” (Sf 3, 17-20).

Marcio Mendes
Comunidad Canción Nueva

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