Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gn 1,26). El hagamos continua siendo realizado. Nosotros todavía no somos totalmente semejantes a Dios, porque estamos en realización, estamos siendo plasmados, realizados. Estamos saliendo del caos para tornarnos imagen de Dios. Nuestra vida es un tiempo de transformación, que incluye sufrimiento.
Para transformar un pedazo de hierro en una pieza de máquina o un metal en una joya hace falta mucho trabajo y sufrimiento. El metal hay que derretirlo en un fuego intenso, después retorcerlo para darle forma y, finalmente, lijar y limpiara para que quede totalmente liso. Nosotros, también, pasamos por todo eso y pensamos, por eso, que Dios es cruel con nosotros. Ni imaginamos la pieza que Él está queriendo hacer de nosotros.
Todos somos pieza única, pues nadie es igual a otro. Tú eres único. Y el Altísimo está actuando para hacerte único. Y nosotros queremos ser lo que pretendemos y pensamos, como tontos. Y más, queremos ser igual a todos. El Señor quiere de cada uno de nosotros pieza que Él necesita.
Nuestra vida cristiana hace falta que esté volcada hacia esa realidad. Caminar para llegar a la santidad original, a la estatura del hombre perfecto: Jesucristo. Es una tarea ardua y larga. Es una cooperación, una obra conjunta de Dios con cada uno de nosotros, asumiendo responsablemente el manejo de nuestra propia formación. Es una tarea de toda la vida.
A medida que caminamos con serenidad, buscando nuestro crecimiento personal, provocamos una reacción en cadena que llegará a los demás. Y la voluntad de Dios es que seamos hombres nuevos para un mundo nuevo.
Mons. Jonás Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









