El pasaje del Evangelio de San Mateo 18:1-5, 10, 12-14 nos recuerda la importancia de un buen programa para niños y un ministerio de juventud efectivo. Por si somos padres, catequistas, predicadores, maestros de educación, o simplemente nos topamos con la juventud durante la Misa, nosotros somos llamados a avivar la fe de los jóvenes para inspirar su participación completa en la Iglesia.
Sin embargo, cuándo los niños llegan a ser adolescentes, ellos a menudo parecen extraterrestres de otro planeta. Nosotros esperamos que se relacionen con la Iglesia y la Eucaristía de la misma manera que lo hacen las generaciones más antiguas, pero no. Demandamos que ellos cumplan con la manera “normal” de participar en la adoración católica, pero ellos pierden el interés en asistir a Misa. Ellos no vienen a los programas de fe que son efectivos para el resto de nosotros, y sin embargo se dicen ser espirituales.
Los programas de la juventud de la parroquia a menudo son separados de la adoración en comunidad. Sus miembros no son invitados a colaborar en la planeación de misiones de parroquia y otros acontecimientos de formación de fe. El ministerio de la juventud está a menudo bajo-presupuesto. La mayoría de los ministros de la juventud son a menudo mal pagados, y eso si es que son pagados, y trabajan sólo tiempo parcial.
¿Cuántos jóvenes y adultos jóvenes están en el Concilio Pastoral de tú parroquia? ¿Cuántos son permitidos ayudar a formar el programa religioso de educación? ¿Cuántos niños se aburren con sus catequistas? ¿Estamos dispuestos a dejar atrás nuestras antiguas maneras de enseñar la fe para reunirnos con la juventud en sus términos?
Si analizamos la fe de la juventud desde una perspectiva histórica, nosotros podemos ver que la juventud actual está lista y dispuesta a ser avivada en su fe y en la vida de parroquia. Cuando yo era una niña (en los años sesenta y a principios de los 70s), había un vacío inmenso de fe en la cultura. La juventud de hoy ha crecido con música cristiana proliferando por todas partes, aún en las emisoras seculares.
¿Así que entonces, por qué no asisten a la iglesia? ¿Qué falta? ¿Cuál es la clave para evangelizarlos exitosamente? Hay tres claves: el entusiasmo, la autenticidad, y una oportunidad para hacer una diferencia en el mundo.
(1) Su agitado, estilo de vida lleno de entretenimiento requiere experiencias vivas y entusiasmadas de adoración para mantenerlos interesados. (2) Su alto nivel de exposición a los fracasos de los adultos que dicen ser cristianos (el divorcio, los abusos que no han parado, el clero arrogante, la incapacidad del gobierno para reducir el crimen, la guerra, y la pobreza) requieren el testigo de cristianos auténticos como modelos de fe verdadera. (3) Y su deseo para hacer al mundo un mejor lugar los atraerá a la iglesia para trabajar en proyectos de servicio, como envolver regalos para niños necesitados, lo cual requiere pensar creativamente fuera de la Misa para ayudarlos a comprender la Eucaristía.
La juventud de hoy está preparada para llegar a ser parroquianos activos, líderes legos inspirados en el Espíritu, y sacerdotes dedicados, santos y religiosos. ¿Estamos haciendo lo suficiente para alimentar esto?
Terry Modica










12/05/2009 às 14:05
[...] irán a buscar en alguien lo que no les conviene. Hace falta que cada hogar sea acogedor para el joven, para que no vaya a buscar consuelo en la calle, en las drogas o en la violencia… fuera de [...]