La educación de los hijos

21/05/2009

Hace algunos años, la policía de Houston, en Texas, EEUU, publicó lo que llamó de “Diez reglas fáciles de cómo crear un delincuente”. Es interesante reflexionar a respecto, especialmente los padres y educadores. Para eso, vamos a transcribirlas:

1 – En la infancia, da a tu hijo todo lo que él quiere. Así, cuando crezca, creerá que el mundo tiene la obligación de darle todo lo que desea.
2 – Cuando pronuncie palabrotas, aplaúdelo. Hará que con que se considere incesante.
3 – Nunca le dé ninguna orientación religiosa. Espera que llegue a los 21 años y él decidirá por sí.
4 – Recoge todo lo que deja tirado: libros, zapatos, ropas. Haz todo por él, para que aprenda a dejar la responsabilidad a los demás.
5 – Discute con frecuencia en su presencia. Así no se chocará cuando el hogar, más tarde, se desintegre.
6 – Dale todo el dinero que él quiera.
7 – Satisfaga todo sus deseos de comida, bebida y confort. Negar puede acarrearle frustraciones perjudiciales.
8 – Apóyalo cuando tiene problemas con vecinos, profesores, policías (todos tienen mala voluntad para con tu hijo).
9 – Cuando se mete en algún problema serio, dé esta disculpa: nunca conseguí dominarlo.
10 – Prepárate para una vida de disgusto.

Sin duda, esta es una lista, fruto de la experiencia de quien trata con jóvenes problemáticos y que no puede ser desconsiderada. Queda cada vez más claro que, el aumento de la delincuencia juvenil es directamente proporcional a la deserción de los hogares y de las familias. Es muy fácil verificar que, en la gran mayoría de los casos, el joven problema tiene atrás de sí, padres problemas.

La vida familiar es el arquetipo que Dios instituyó para que el hombre viva y sea feliz en la faz de la tierra.

Por lo tanto, cuanto más, las santas leyes de Dios, en relación a la familia, no sean respetadas y pisadas por los hombres, más familias destrozadas tendremos y más lágrimas se derramarán de los ojos de padres y de hijos. Nadie será feliz sin obedecer las leyes de Dios. Pues, antes de ser leyes divinas son leyes naturales. La naturaleza no sabe perdonar a quien se coloca en su contra.

En el capítulo 30 del Eclesiástico, la Palabra de Dios habla a los padres de sus enormes responsabilidades en la educación de los hijos. Dice: El que ama a su hijo lo castiga asiduamente, para poder alegrarse de él en el futuro (Eclo 30,1). Infelizmente son muchos los padres que no corrigen a sus hijos o porque son dejados como padres o porque también necesitan de corrección, ya que tampoco fueron educados.

Más adelante ese mismo libro trae: El que mima a su hijo vendará sus heridas y a cada grito que dé, se le conmoverán las entrañas (Eclo 30,7). Esa palabra es pesada. El niño mimado se torna problema, piensa que el mundo es suyo y que todos deben servirlo. No hay cosa peor para el hijo. Sucede mucho con el que es hijo único, objeto de todas las atenciones y cuidados de los padres, abuelos y tíos. Ahí hace falta una atención especial.

Un caballo sin domar se vuelve reacio, y un hijo consentido se vuelve insolente (idem 30,8).

No hay cosa peor que dejar un niño abandonado, materialmente, pero principalmente en su educación.

Malcría a tu hijo, y te hará temblar; juega con él, y te llenará de tristeza (Eclo 30,9).

No les des rienda suelta en su juventud, pégale sin temor mientras es niño, no sea que se vuelva rebelde y te desobedezca (Eclo 30,11).

Muchos padres, viendo a sus hijos errar, no los corrigen. Tenemos que enseñarles a usar la libertad con responsabilidad. Y no darles toda la libertad.

Cierta vez, vi una frase, en un adhesivo de un auto, que decía: “adopte a su hijo, antes que el traficante lo haga”. De hecho, si no conquistamos a nuestros hijos con amor, cariño y corrección sana, ellos irán a buscar en alguien lo que no les conviene. Hace falta que cada hogar sea acogedor para el joven, para que no vaya a buscar consuelo en la calle, en las drogas o en la violencia… fuera de casa.

El hecho más importante en la educación es que los padres sepan conquistar a los hijos, no con dinero, ropa de moda, etc, sino con los que ellos son, es decir, con su conducta, con su integridad moral, su vida honrada y responsable. Hace falta que el hijo tenga orgullo de su padre, que tenga admiración por su madre y tenga el placer de estar con ellos, siendo amigos. Así el hijo escuchará sus consejos y sus correcciones con facilidad.

Es primordial el respeto con el hijo, tomarlo en serio, respetar a sus amigos, sus buenas iniciativas, etc. Si quieres ser amigo de tu hijo, debes tornarte amigo de sus amigos y nunca rechazarlos. Acógelos en tu casa.

Delante de los hijos los padres no deben ser superhéroes que nunca yerran. Al contrario, los hijos deben saber que sus padres también yerran y que también tienen el derecho de ser perdonados. Y, para eso, los padres precisan aprender a pedir perdón a los hijos cuando se equivocan. No hay fragilidad en eso, y mucho menos fragilizará su autoridad. Al contrario, ante la humildad y la sinceridad de los padres, la admiración del hijo crecerá. Todo eso hace parte de la conquista del padre.

El educador francés, André Bergé, dijo que los defectos de los padres son los padres de los defectos de los hijos. Parafraseándolo podemos afirmar también que las virtudes de los padres son los padres de las virtudes de los hijos. No es sin razón que el pueblo afirma que “de tal palo tal astilla”. Eso aumenta nuestra responsabilidad.

Es importante que los padres sepan corregir a los hijos adecuadamente, con firmeza, sin humillarlo. No hay que golpear al hijo. No es conveniente reprenderlo delante de los amigos o hermanos, pues eso humilla y provoca odio hacia los padres. Conquista a tu hijo, no con dinero, sino con amor, vida honrada y presencia en la vida del hijo. Y, sobre todo, llévalo a Dios contigo. San Pablo dijo a los padres cristianos:

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor (Efesios 6,4).

Prof. Felipe Aquino
Comunidad Canción Nueva

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