El mal y el bien hacen parte de nosotros. Pablo ha experimentado su debilidad, incluso cuando ya había encontrado a Jesús y recorrido su propio camino de conversión.
Sin duda, su encuentro con el Señor ha sido transformador, mas él seguía siendo humano y en su humanidad había la inclinación al mal, que todos tenemos.
Conversión es un proceso lento, que se da poco a poco.
Recuerdo las mañanas cuando bien temprano me levantaba, todavía estaba oscuro, y, en un momento extraordinario, la luz del día empezaba a vencer la oscuridad. Eso no ocurre de repente, sino bien despacio.
Por tanto, es necesario tener ánimo y ser paciente. Ninguna conversión ocurre de repente, sino que con gran esfuerzo personal y con la constante búsqueda de corrección de los defectos.
La busca de la perfección va a durar tanto cuanto dure nuestra vida.
De modo que no debemos preocuparnos mucho con nuestros defectos, sino que debemos evitarlos a todo costo. Así, poco a poco, vamos pasando de las tinieblas a la luz. No podemos desear suprimir todos los defectos de una sola vez, sino que debemos intentar suprimirlos poco a poco, por ejemplo, uno a cada día – para que nos tornemos a cada nuevo día un poco más perfectos. Cuando Dios nos pide para que seamos perfectos, Él sabe que la “perfección” para nosotros consiste en luchar constantemente contra nuestros defectos hasta el fin de nuestras vidas.
Para eso, es necesario reconocerlos, ver y admitir nuestros defectos, no para que nos desanimemos, sino para que tomemos conciencia de que necesitamos luchar.
Simoni Cavazzani
Consagrada de la Comunidad Canción Nueva









