Pistas para días más felices

31/03/2009

Esto, con seguridad, exige esfuerzo,, perseverancia, motivación interior

Presta atención en estos dos versículos:

“A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.” (Lucas 4,40)

“Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara.” (Lucas 4,42)

A través de esos versículos aprendemos con la muchedumbre. Eso mismo: Jesús, en estos dos versículos, nos da pistas para que disfrutemos días más alegres, a través de los ejemplos dejados por aquel pueblo.

Así como aquella muchedumbre, que ya por la mañana, buscaba al Señor y al encontrarle, simplemente no le dejaba marcharse, también nosotros, desde el momento en que nos levantamos de la cama, precisamos asumir ese deseo profundo e intenso, en lo íntimo de nuestra alma:

“¡Permanece conmigo, Señor! Durante todo este día quiero hacer todo lo que precisa ser hecho y vivir cada momento sin alejarme de tu presencia. ¡No permitiré que  las circunstancias hagan que me quede lejos de Ti, Señor!”.

Es necesario comprender que la muchedumbre buscaba a Jesús. Eso, con seguridad, exigía esfuerzo, perseverancia, motivación interior, en fin, aquellas personas no habrían encontrado al Señor si se hubiesen quedado de brazos cruzados.

Incluso la necesidad hizo que aquellas personas buscasen al Señor. Ahora, te pregunto: “¿Qué pasos Dios está pidiéndote que des, que todavía no los has dado, y debido a esto, te sientes lejos de Él?”

Tal vez sean pasos difíciles de dar. Pero, si no los das y no sales en busca de Jesús, ¿cómo vas a encontrarle, entonces? ¿Hasta cuándo vas a vivir tu vida como si fuera algo mediocre? ¡La vida es demasiado hermosa para vivirla en vano! Recuérdalo: ¡Jesús siempre se deja encontrar! ¿Cuál es tu disposición y tu necesidad de encontrarle cada día? ¡Pregúntate eso a ti mismo!

Por otro lado: “Puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero.
Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí.” (Romanos 7,19-20)

Pasamos el día entero en esta lucha sin tregua, contra el pecado. El pecado existe, es un hecho, es real. El maligno no mide esfuerzos para impedir que encontremos diariamente el rostro del Señor. Es una guerra dolorosa, que siempre deja marcas en nosotros.¡El maligno no tiene compasión de nadie! Cuando se apodera del alma de alguien, cuando alguien le da pleno dominio de su vida, él lleva esta pobre alma hasta las últimas consecuencias.

Si, hoy, tú que estás leyendo este artículo, te sientes vacío, frustrado contigo mismo, decepcionado con diversas situaciones de la vida, traído por personas que son preciosas para ti, de modo que estás sintiéndote infeliz, sin esperanza, no pierdas más tu tiempo:

¡Llegó para ti la “puesta de sol”!

Exactamente al final de un día tan complicado (o incluso si estás pasando por una fase muy difícil en tu vida), es que el Señor se nos presenta en este otro versículo (¿recuerdas del inicio del artículo?), en el que Él quiere recibir a todos los enfermos que hay para traerlos a Sus pies. Tal vez estos “enfermos” no se resuman a personas, a seres queridos, quizás, hoy, Dios esté pediendo en esta “puesta de sol” las enfermedades de tu alma: los ojos enfermos por la malicia, los labios enfermos por la mentira, los oídos enfermos por los chismes, la mente enferma por tantas preocupaciones vanas, el corazón enfermo por la tristeza y por el desamor… Trae a los pies del Señor durante la Adoración, todos los enfermos que conoces. Con seguridad, Él tocará a todos y la enfermedad se marchará para dar lugar a la alegría, que viene de la certeza de que, con Dios, y solamente con Él, nosotros vivimos realmente días mucho más felices.

Que en cada puesta de sol tú puedas clamar con fe: “Aquí estoy. ¡Sáname, Señor!”. Seguramente, Él lo hará.Empieza cada día en la presencia de Dios, y termina el día siendo restaurado por Él.

Y así la vida continúa…

Un abrazo fraterno,

Alexandre de Oliveira
Comunidad  Canción Nueva

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