Hablar con Dios como hablas con tu mejor amigo

02/03/2009

Habitúense a hablarle a solas, con familiaridad, confidencia y amor como a uno de sus amigos, al amigo más querido que tienen y que más les ama. Y si es un gran error, como fue dicho, el tratar a Dios con desconfianza (…) error mayor será pensar que conversar con Dios sólo sea aversión y amargura.

No, no es verdad: porque tu conversación no tiene nada de desagradable, ni tu convivencia nada de fastidioso (Sab 8,16).

Pregunten a las almas que lo aman con un amor verdadero y les responderán que en las penas de sus vidas no encontraron mayor y verdadero alivio que aquel que hallaron conversando amorosamente con Dios.

No es que se les pida una aplicación continua de sus mentes para que se olviden de sus quehaceres y de sus entretenimientos.

Vuestro Dios está siempre cerca de vosotros, o mejor, dentro de vosotros. (Hech 17,28).

No existe un portero para quien desea hablarle; por el contrario, Dios aprecia que ustedes lidien confidencialmente con él.

Háblenle de sus quehaceres, de sus proyectos, de sus temores y de todo aquello que les pertenece.

Háganlo sobretodo como ya les dije, con confidencia y de corazón abierto, porque Dios no sabe hablar con una alma que no le habla; dado que no estando habituada a lidiar con él, entenderá sólo su voz cuando él le hable.

Él, sin esperar que se dirijan a él, cuando deseen su amor, se anticipa trayéndoles sus gracias y sus remedios de los cuáles necesitan.

Sólo espera que le hablen, para demostrarles cuánto está próximo y listo para escucharles y consolarles (…).

Nuestro Dios habita en lo alto de los cielos, pero no desdeña de entretenerse, día y noche, con sus hijos fieles y les participa de sus consolaciones divinas, de las cuáles solamente una supera todas las delicias que él puede dar al mundo, y sólo no las desea quien no las experimenta.

Extraído de “Opere Ascetiche” de San Alfonso Maria de Ligorio, (CSSR, Roma 1933, Vol. I, pp. 316-318).

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