Sanando las heridas de tu corazón

26/01/2009

Los problemas pueden causar heridas en el corazón y si no son tratadas, acaban por infectarse.

Existen muchas personas “infectadas” en el alma y el corazón. Ya no ligran vivir, sólo tienen los ojos puestos en las heridas de modo que el problema las posee por completo.

Sucede con frecuencia que la solución no está a nuestro alcance, pues no depende de nosotros sino de los demás. Por ejemplo, si lo que te preocupa es la infidelidad de tu marido, la rebeldía de tu hija o la adicción de tu hijo, es verdad que la solución del problema no está directamente en tus manos; pues depende de tu marido, tu hija, tu hijo; ellos deben aceptar o rechazar la gracia de Dios.

El Señor es quien quiere cambiar la vida de cada uno de ellos, pero, al final, todo depende solamente de ellos, pues de ellos depende abrirse al obrar de Dios. Mientras permanezcan cerrados y no lo acepten, el cambio no ocurrirá, porque no depende de Dios, y mucho menos de ti, depende de cada uno de ellos. Es cuestión de apertura y aceptación.

Es por eso que tú no puedes angustiarte en esos momentos, aunque ellos no cambien, aunque ellos no acepten, aunque la situación continúe igual, porque, repito, no depende de ti, sino de ellos, tú debes seguir viviendo. Y aun más, debes vivir en paz, sin perder el sueño, sin perder la salud, sin desesperarte. Debes seguir viviendo, aunque el problema continúe.

En este momento, Dios entra para sanarte. Él sabe que los problemas que enfrentas ya te han herido mucho, además, si los problemas continuaron – porque la solución no depende ni de ti, ni de Dios – la herida continuará existiendo. Por esta razón, el Señor quiere cuidarte, justamente porque el problema no se soluciona. Dios quiere sanar tu corazón tan herido. Y tú debes permitir que Él entre en tu vida y te sane, aun si los problemas que tanto te angustian no lleguen a solucionarse.

Insisto: mucha gente se frustra, se decepciona con Dios, cae en depresión, porque se empecina en querer ver la solución del problema, para después rendirse y dejarse sanar por el Señor. Tal vez el problema del alcoholismo continúe, tal vez la situación de desempleo se prolongue, las dudas continúen sin solución… justamente por eso, por esa demora sin perspectivas de solución. Tú y yo sólo podemos entregarnos a las manos de Dios y permitir que Él nos cuide y sane nuestro corazón tan herido. Es hora de abandonarnos.

¿Conoces la oración de la serenidad? Algunos la atribuyen al Papa Juan XXIII. Le pertenezca o no, este gran Pontífice sí la vivió. Esta oración ya ha realizado maravillas en la vida de mucha gente. Recíbela ahora también. Haz esta oración todos los días, especialmente tú, que enfrentas problemas que parecen no resolverse, situaciones que no pueden cambiar. Reza siempre:

“¡Oh, Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, coraje para cambiar las que sí puedo y sabiduría para notar la diferencia! Amén.”

Mira: no es fuga, no es irresponsabilidad ante los problemas, es abandono filial de quien acepta que no tiene el control de todo en sus manos. Es abandonarse y dejarse sanar por Dios.

El Señor nos dice: “Yo quiero sanarte. Necesito sanar todas las heridas que quedaron en tu corazón. Así y sólo así, podrás vivir, sólo así podrás enfrentar los problemas, de lo contrario, sucumbirás bajo tus propios problemas. Quiero sanarte, porque sólo así podrás colaborar conmigo en la situación que estés enfrentando. No puedes continuar siendo víctima de estos problemas, que no dependen de ti. Ya te heriste demasiado. ¡Necesito sanarte! Esa herida no puede volverse crónica. De lo contrario no podrás rezar más, no podrás confiar, todo en tu vida se complicará. Yo, que soy tu Señor, te lo estoy pidiendo: déjame cuidarte. Permite que yo entre en tu vida y te sane, aunque los problemas no lleguen a solucionarse. Déjamelos a mi, yo quiero cuidarte”.

Del Libro: “Combatientes en el perdón” del
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

Un comentario para “Sanando las heridas de tu corazón”

  1. Luis Gomez Dice:
    26/01/2009 às 13:07

    Que palabra tan hermosas y ciertas!! Dios Los Bendiga

Comentarios