Dios que conoce las intenciones del corazón humano, pregunta a Caín: “¿Por que te enojas y vas a con la cabeza agachada? Si tú obras bien, tendrás la cabeza levantada. En cambio, si haces mal, el pecado está agazapado a las puertas de tu casa. El te acecha como fiera que te persigue, pero tú debes dominarlo.” (Génesis 4:6-7).
Con todo, Caín no dio oído a la voz de Dios. Y cuando estuvieron en el campo, Caín se lanzó contra Abel y lo mató. Entonces, el Señor dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” (Génesis 9a).
Caín, aunque lleno de sí mismo, no es abandonado por Dios, pues la bondad del Señor supera toda debilidad humana y la misericordia divina busca siempre una manera de salvarnos.
Cuando nos encerramos en nosotros mismos, perdemos de vista el valor de la vida del otro. ¡Que Dios nos libre de dicho egoísmo!
Delante del Señor cada persona tiene su valor. Abandonemos, en este día, toda y cualquier comparación con los demás.
Huyamos de todo sentimiento de cólera, de malhumor, de rostro abatido. Dejemos de lado: celos, rivalidad, envidia o berrinche de quien quiera que sea, pues el amor y la bondad de Dios nos alcanzan con Su bendición.
¡Seamos la bendición de Dios unos a otros!
¡Jesús, en Vos confío!
Luzia Santiago
Co-fundadora de la Comunidad Canción Nueva










22/01/2009 às 12:01
Muy buena reflexión, sencilla y de muy buen entendimiento
En mi vida lucho mucho contra este sentimiento y lo que he leido,me anima muchisimo a me dá la esperanza en aquel que amo, quien es JHS
Su misericordia es mucho más grande que todo sentimiento humano
Muchas gracias y que Dios la bendiga junto con su comunidad
Unidos por JHS