Todos conocemos las frases: “Con el tiempo pasa” y también “de casado sana”. Hasta parece que estas frases son consuelos para quienes están sufriendo. Sin embargo, el tiempo no cura absolutamente nada. El tiempo puede incluso anestesiar un poco el dolor. Pero los días pasan y la agonía continúa. El tiempo puede llevar el sufrimiento para tu subconsciente o inconsciente, haciéndote creer que el problema fue superado. En realidad, el tiempo no cura. Basta un acontecimiento cualquiera para que, de pronto, hacer el dolor antiguo volver a la superficie.
Aunque el tiempo nada pueda curar, Dios puede curar con el tiempo. En el poder del Espíritu Santo, Dios puede curar el corazón herido, puede dar vida nuevamente a un matrimonio, puede librar al que sufre de sus penas.
Esta claro que en el peor momento del dolor es importante compartirlo con alguien de confianza. Es importante también aceptar la ayuda ofrecida por amigos, profesionales de la salud psíquica, moral y espiritual.
Comprensión, consuelo y apoyo pueden traer alivio en momentos difíciles. Pero lo más importante es curar las raíces y causas del sufrimiento. Y eso es posible por la cura interior, que se realiza cuando dejamos a Dios actuar en nosotros.
Por lo tanto, necesitamos descubrir y tomar pose del infinito amor que Dios derramó y continúa derramando sobre la humanidad. Del corazón de Jesús nace el hombre de corazón nuevo, nace la posibilidad de cura interior, porque Jesús nos lleva a creer y a experimentar que su amor es infinitamente mayor que nuestras miserias y pecados.
Muchas veces, las personas posponen su felicidad, afirmando: “Sólo voy a ser feliz cuando resuelva mi problema…” Un problema interior no puede ser un obstáculo para que vivamos bien y que busquemos, con nuestras limitaciones, servir a aquellos que de nosotros necesitan.
Las heridas de la vida, que alteran nuestra afectividad, no son el pecado, la culpa ni la maldad espiritual, ya que no son cosas que dependan mucho de nuestra voluntad. La demasiada preocupación de sanar esas heridas puede consumir, – en nuestro propio yo –, todas aquellas energías que podríamos emplear en la ayuda a los otros, en trabajar bien, entre otros.
La oración de cura interior tiene por objetivo curarnos y liberarnos, para que podamos amar mejor al prójimo. La cura interior nos permite expresar mejor el amor. Hace que nuestras actitudes no perjudiquen a los otros, y sentirnos mejor y, así, apoyemos a otras personas con el amor saludable, alegre y comunicativo.
Artículo extraído del libro “Sea feliz todos los días”. Pe. Léo (SCJ)










09/01/2009 às 15:02
[...] por eso que la Cuaresma es tiempo [...]