Esperanzas y fuerzas están directamente relacionadas.
Muchas veces se piensa que la esperanza está relacionada al deseo de un futuro tranquilo, sin embargo, no es tan sencillo así, ya que si esta no presenta la dirección de la verdadera felicidad será ilusión.
En la vida tenemos pocas certezas y de lo que tenemos nos puede ser quitado en cualquier momento. Tenemos y podemos perder en cualquier instante, nuestra salud, nuestros bienes, amigos, familiares, etc. Podemos perder, inclusive, nuestra propia vida, sin embargo, hay algunas cosas que hacen parte de las certezas, entre ellas está nuestro pasado, que nadie puede robarnos. Se pude llegar a cambiar sus interpretaciones, pero la historia, no. Inclusive Dios respeta la historia de cada uno, Dios puede cambiar el curso (futuro) y su reflejo en nosotros (presente), pero el pasado Dios no toca. El pasado es estable y, por eso, inmutable. Así surge la necesidad de una buena reconciliación con el pasado, con nuestra historia de vida, con los días que ya vivimos, ya que no serán cambiados. Partiendo de una mirada misericordiosa sobre la propia historia encontramos el deseo de un futuro inmensamente mejor.
En ese contexto encontramos la presencia de Dios en la Sagrada Escritura, el Señor cambia el curso de la vida de un pueblo a partir de Abrahán (cf. Gn 12) y de ese cambio va dando señales de que Él es confiable, revela su nombre (cf. Ex 3,14), le saca de la esclavitud de Egipto (cf. Ex 13-14) y cumple todas sus promesas. ¿Para qué todo eso? Para dar a su pueblo la seguridad de ser confiable y escribir en la historia de los hombres la historia de su amor, una historia divina. Todas esas cosas ya sucedieron y hacen parte del pasado, pues hechos ocurridos hacen parte de la historia que no cambia.
Aquí reside la esperanza, la base: mirando los hechos del pasado se siente el deseo de experimentarlos en el presente y de tenerlos en plenitud en el futuro. La esperanza tiene su base en la historia personal y también en la historia del mundo. Vemos que la vida puede ser vivida y darle más sentido de lo que vivimos y tenemos, aquí encontramos la alegría y la motivación para vivir, sabiendo que, aunque la trayectoria sea dura, marcada por dificultades, el punto de llegada es capaz de animarnos.
¿Qué esperar?
Nuestra esperanza debe apuntar hacia las cosas que no tienen fecha de expiración, es decir, que hoy están con nosotros y mañana nos abandonan. El salmista nos recuerda: “yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes” (Sl 26,13), aquí es posible entender que la gloria de Dios se realiza en las victorias diarias, grandes o pequeñas, que ocurren en las asperezas de la vida, y el salmista prosigue incentivando, “Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor” (Sl 26, 14). Esperanzas y fuerzas están directamente relacionadas. No es tan sólo esperar , sino como alguien que se coloca en acción, por eso, la calidad de nuestra vida depende de la voluntad de esperanza que tenemos.
Padre Xavier
Comunidad Canción Nueva









