No nos perdamos por las cosas insignificantes

16/10/2008

Lo que plantamos hoy, cosechamos mañana

“Las cosas más insignificantes tienen, a veces, mayor importancia y es generalmente por las que nos perdemos…” (Dostoiévski)

La afirmación anterior pertenece al gran escritor ruso Fiódor Dostoiévski, encontrada en una de sus más bellas obras, Crimen y Castigo. Son palabras del protagonista del libro, un joven estudiante de nombre Raskólnikov, que comete un homicidio y encuentra la redención por el crimen cometido por medio de la amistad con una prostituta, que le presenta, en el Evangelio, la narrativa de la resurrección de Lázaro.

Esa frase fue dicha por el estudiante en el momento en que repensaba y ensayaba casa paso que diera al cometer el crimen. Pensó exhaustivamente cada pormenor y no quería dejar ningún detalle, pues para él: “las cosas más insignificantes tienen, as veces, mayor importancia y es generalmente por las que nos pedemos…”.

Al leer el Crimen y el castigo esa frase me llamó mucho la atención, y al traerla en diversas circunstancias de la vida, se hace sentido y puede ayudarnos a reflexionar y a vivir mejor.

Cuando pensamos en los grandes problemas y dificultades que hemos enfrentados, inmediatamente buscamos las causas de esas situaciones, buscamos en la memoria lo que hicimos para que tal mal aconteciera.

En esa hora, generalmente, nos olvidamos de que las situaciones difíciles en nuestra vida, casi siempre, son frutos de las pequeñas circunstancias. Por ejemplo, una pareja no se separa por causa de una pelea, sino por problemas no olvidados en el día a día, que se van acumulando y tornándose grandes. Así también, un joven no se vicia de la noche para el día, sino empieza con un traguito y va aumentando la dosis hasta llegar a usar drogas cada vez más fuerte. Así como una persona, tampoco se vuelve lleno de deudas de repente, sino, generalmente, va haciendo pequeñas deudas.

Esa es una ley bíblica y de la naturaleza: lo que plantamos hoy, cosechamos mañana. Y no nos olvidemos de que toda semilla es pequeña, pero el árbol puede alcanzar grandes proporciones. Jesús nos enseñó cómo cuidarnos para que no nos perdamos por las cosas que hoy son insignificantes, y que se tornarán grandes: “No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt 6, 34).

Esa es una regla de oro para quien quiere tener calidad de vida y, además, cosechar buenas cosas para en el futuro, vivir un día a cada vez y, al hacer eso, vivir intensamente el día, cuidando de las pequeñas cosas cotidianas para que por esas no nos perdamos, sino alcancemos buenas y grandes consecuencias.

Traduciendo en la práctica las palabras de Jesús: que las parejas pasen más tiempo uno con el otro, que los padres se dediquen más a sus hijos, que los jóvenes piensen mejor en las pequeñas cosas, que el profesional ejecute bien su trabajo diario para que en las tareas y funciones de cada día se redescubra el valor que uno tiene y que es, en especial, el valor de las relaciones humanas y, de esa forma, se poda invertir la afirmación de Dostoiésky a nuestro favor, pues así las cosas más insignificantes tienen, a veces, mayor importancia y es generalmente por esas que nos salvamos…

Que Dios nos bendiga,

Denis Duarte
denisufv@yahoo.com.br
Denis Duarte es pesquisidor, profesor, escritor, especialista en Biblia y cursando el master en Ciencias de la Religión en Literatura y Religión el Mundo Bíblico.
Autor de los libros: “Se creres, verás glória de Deus” e “Experiência de ouvir e transmitir a voz de Deus”
Acesse:blog.cancaonova.com/denisduarte

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