Jesús, ¡en este nombre hay poder!

20/10/2008

¡Que verdad tan profunda!, que en el nombre de Jesús ¡hay poder! Que en su presencia hay libertad, hay sanación del cuerpo, del alma, del corazón, de la mente y del espíritu, es interesante analizar cómo esta nuestra fe, nuestra fe puesta en el nombre de Jesús, nuestra fe en este tiempo, en esta época, ¿será que es la misma fe que tenían aquellas personas que caminaban cerca de Jesús hace 2000 años? Aquellas personas que sabían que estaban enfermas del cuerpo y del alma, aquellas que quedaban admiradas, por los prodigios y milagros que Jesús realizaba, aquellos que creían y confiaban en El, aún sin conocerlo mucho, ellos solo tenían fe! ¿Y tú? ¿Y yo? ¿Cómo está nuestra confianza en el nombre de Jesús?.

En su compasión y misericordia, Él nos muestra que no es indiferente a nuestro dolor, a nuestra enfermedad, a nuestra situación. Leamos Marcos 1, 40-45;

En aquel tiempo, se le acercó un leproso que se arrodilló ante Él, y le dijo: ” ‘Si quieres puedes limpiarme’, sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo toco diciendo: ¡Quiero! ¡Queda limpio! Al instante se le quitó la lepra y ¡quedo sano! Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente “no cuentes esto a nadie, pero vete y cuéntale al sacerdote, y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la ley de Moisés,

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pues tú tienes que hacer tu declaración.

Pero el hombre en cuento se fue empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo, tenia que andar por las afueras, en lugares solitarios, pero la gente venia a El de todas partes”

Esta situación vivida por este leproso fue trascedental, por eso comparto contigo partes de una meditación que leí en un libro llamado “Basta una palabra” e iré haciendo mis propios comentarios:

La lepra era una de las enfermedades más temidas en el tiempo de Jesús, no sólo por no tener cura y causar malformaciones, sino principalmente porque el enfermo era obligado a abandonar su casa, su familia, su tierra e ir a lugares distantes y desiertos, la lepra generaba soledad: el enfermo no podía ser tocado, o abrazado y debía mantenerse a una distancia de cien pasos de cualquier persona sana.

Pero un día aquel leproso quebró todas las reglas y llego cerca de Jesús, por primera vez, en vez de ser apartado, este hombre es tocado por alguien lleno de compasión. Jesús no se contamina con la lepra y aún es capaz de curarlo con su toque de amor, porque su corazón que esta repleto de compasión así lo quiere. (Del Libro BASTA UNA PALABRA del Padre Antonio José)

Actualmente, la lepra ya no es considerada incurable pero hay otras lepras que atacan nuestro corazón, u otras enfermedades interiores que son tal vez igual de graves que la lepra de aquel tiempo y que hoy en día hacen que nos apartemos de las personas, o que las personas no quieran estar cerca de nosotros. Situaciones como la depresión, el síndrome de pánico, algún resentimiento u odio, la falta de control de nuestro temperamento, la ira, el miedo, el egoísmo, falta de perdón, la envidia, el orgullo etc.

Son enfermedades que atacan nuestra alma y nuestro corazón, pero con el toque amoroso de Jesús podemos quedar sanados, sólo debemos tomar la actitud de aquel leproso: romper las barreras, acercarnos a Jesús, tener fe, pedirle osadamente que nos cure, así como lo hizo el leproso, la palabra de Dios dice que Jesús sintió compasión, que su corazón quedó conmovido, y ¡fue así! Jesús quiere sanarnos, curar las heridas interiores tanto como las físicas, por eso, nunca dudemos que Jesús siente compasión y misericordia de nuestra situación, y Él espera que demos un salto hacia Él, que no tengamos miedo de tocarlo, porque en su toque hay nueva vida, hay restauración, dejarnos tocar por Él, por eso, no pierdas la oportunidad de estar cerca de Jesús, experimentar su presencia, su cercanía, su amistad, no pierdas tiempo, ¡Él te espera en cada sagrario y en cada Eucaristía!

Tal vez tú estés cerca de alguna persona en esta situación, tal vez una persona muy cerca de ti necesite el toque amoroso de Jesús, un toque de amistad, de amor, de tu atención, tal vez algún leproso del alma se aproxime a ti necesitando que alguien comprenda su sufrimiento. Tú puedes ser ese abrazo restaurador de Jesús, muéstrale a aquella persona quién es el médico de los médicos, el más compasivo y misericordioso, sé un instrumento para acercar a esa persona a JESÚS, recibe tú mismo a esa persona, recíbela, escúchala, ¡Ámala! ¡Y tú serás en ese momento el toque de Jesús a ese corazón leproso! ¡Porque en el nombre de hay poder!

Nunca olvides que todos necesitamos de sanación interior, de un profundo encuentro con Jesús aquel que es capaz de restaurar todo en nuestra vida, asume hoy el ejemplo de aquel leproso que cuando se vio sanado no pudo callar, no lo pudo evitar, y gritó a todos que en el nombre de Jesús hay poder, él quedó sano, y su alegría fue tan inmensa que rebosaba de emoción. Y todos los que lo escuchaban quedaban contagiados con su alegría, la alegría de tener fe, de creer en Jesús.

Pidamos todos los días esa gracia de Dios en nuestra oración, la gracia de fe, de creer, de confiar, de asumir que en el nombre de Jesús hay poder

Marlene Duarte
Consagrada Agregada de la Comunidad Canción Nueva (Paraguay)

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