Cuando era niño quemé mi brazo con agua caliente. Hasta hoy tengo cicatrices y debo cuidarlas, pues se tornó una región muy sensible del cuerpo.
Es increíble cómo el mundo y la tentación son crueles con los jóvenes. Muchos muchachos se cayeron y se “quemaron” muy temprano. Sé que a muchos les gusta contar con orgullo sus aventuras, pero, francamente, infeliz de ti que te hayas caído tan temprano, podía permanecer virgen, esperando el matrimonio, esto también sirve para las chicas.
El mundo cambia los valores, pero la verdad no se crea con la mayoría. No es porque la mayoría cayó que tú también debes caerte. Si fueras a un río y encontraras muchas piedritas y poquísimos oros, ¿qué escogerías? ¿Las piedras o el oro?. Claro que agarrarías el oro.
Si eres rechazado por querer mantenerte casto, no eres menos por eso. Al contrario, eres más. Si los muchachos se “quemaron” cuando tienen relaciones antes del matrimonio, la quemadura para las mujeres es mucho más dolorosa.
En este inmenso desafío de vivir la pureza y la castidad es triste ver a los padres aconsejando a sus hijos a usar condón, porque al final de cuentas, nadie consigue aguantarse. Es una falsa prevención. Los que se quemaron son víctimas. Tenemos que volver a aquellos que Tobías dijo a Sara: “porque somos hijos de dos santos, no nos debemos casar como los paganos que no conocen a Dios”
Tu hermano
Mons. Jonás Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









