Como puedes percibir en el pasaje (Lc 22, 54), Jesús es negado por Pedro.
Miren, aquel a quien el Señor amaba mucho, alguien en quien tenía especial confianza, lo negó.
En tres ocasiones Pedro negó que conocía a Jesús, él pudo haber vuelto atrás en la segunda negación, pero él estaba cegado por el miedo, porque el miedo nos traba, él, Pedro estaba bloqueado por el miedo. Una tercera vez él lo negó. Miren, la intención de Pedro era de las mejores, ningún otro apóstol lo había acompañado hasta ahí. Pero él sintió miedo, no tuvo fuerzas para no negarlo.
Yo me imagino que cuando escuchó al gallo cantar él sintió escalofríos, pues en ese momento recordó lo que Jesús le había dicho.
“Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”(Lc 22, 31-32). Esto fue lo que Jesús dijo a Pedro!
Pueblo de Dios, te digo, Jesús en este viernes, está orando por ti para que tu fe no desfallezca!. Tú que estás leyendo este artículo te digo, Jesús está orando por ti para que no lo niegues, para que no desfallezcas. Muchos de nosotros estamos siendo tentados, como Pedro, por Satanás para que desfallezcamos, neguemos y dejemos nuestra fe católica. Pedro cayó porque no permaneció atento a lo que Jesús le había dicho.
Entonces te invito para que permanezcas atento y proclames;”hoy quiero estar atento, Señor Jesús para que mi fe no desfallezca”.
Cuando el gallo cantó, (Lc. 22, 34) Pedro recordó la revelación que Jesús le había hecho, que iba a ser tentado por Satanás. Ahí él despertó. Pienso que en aquel momento, Pedro fue recordando cada episodio, cada momento vivido con Jesús, cuando él estaba pescando y fue llamado por Jesús. Recordó que Jesús lo había llamado para ser “pescador de hombres”. Pero hermanos, cuando el dolor llega, cuando llega la tribulación, parece que olvidamos todo cuanto vivimos con el Señor.
El cantar de gallo, es la voz de nuestra conciencia. Claro, no escuchamos el cantar de un gallo, pero sí es como algo en nuestro interior que nos recuerda lo que hemos hecho, lo mal que procedimos, y comenzamos a recordar lo bueno que hizo el Señor por nosotros.
Pienso que Pedro debe haber recordado el sermón de la montaña…” Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.”…él fue le primero que tuvo la oportunidad de testimoniar lo que había vivido, que podría haber muerto por Jesús, pero se dejó seducir por el mal, por el miedo, sucumbió ante la prueba.
Él debe haber recordado la sanación de su suegra, y los días en que Jesús vivió con él en su casa, porque cuentan lo grandes, que Jesús vivió en la casa de Pedro, y esto, porque ambos eran amigos, nadie lleva a un extraño para vivir en su casa, para pasar unos días en su casa, pero ellos eran amigos!. Debe haber sido una tortura para él recordar todo lo bueno que vivió al lado de su amigo, Jesús, en ese preciso memento de la negación.
Debe haber recordado la tempestad que Jesús calmó cuando estaban en el mar. Debe haber dicho: ”Jesús, calma ahora esta tempestad en mi corazón, por haberte negado”.
Pedro vio y vivió tanto. Debe haber pensado, que negó a aquel cuya voz expulsaba demonios, y que fue apagada por la voz de la tentación de satanás, pero al darse cuenta de lo que hizo debe haber pensado: “Señor, no soy nada, no soy nadie. ¿Qué fue lo que hice?”
Pedro estaba sintiéndose nada, como muchos de nosotros. Yo, Padre Roger, he visto tantos milagros y prodigios realizados por Jesús a través de mi, como Pedro, pero sin embargo, cuando peco me siento nada.
Cuando él vio a Jesús caminando sobre las aguas, él mismo fue llamado por Jesús para caminar sobre las aguas. Pero, he aquí el punto clave de esta prédica: cuando él retiró sus ojos de Jesús, cuando apartó su mirada de Jesús, él comenzó a ahogarse.
Pedro debe haber recordado esta mirada cuando negó a Jesús. Porque dice la Palabra que Jesús, en ese momento, miró a Pedro, y ahí él recordó tantas cosas, porque tengo la plena certeza de que Jesús lo miró con amor. Esta mirada no era de juicio ni de reclamación, sino que una mirada de amor, diciéndole: “Pedro, yo estoy aquí, no tengas miedo, sí, me negaste, pero yo nunca te negaría ni te condenaría, porque te amo”. En ese momento Pedro debe haber recordado las Palabras de Jesús a la mujer: “Yo no te condeno, vete y no peques más”.
Debe haber recordado a Zaqueo, a la samaritana, a la pecadora pública, y tantas personas que Jesús sanó y liberó.
Y dice la Palabra que en ese momento, Pedro se desparramó en lágrimas, pues fue tomado por un profundo arrepentimiento, él sintió una profunda liberación, porque fue poseído por el inmenso amor de Jesús, por su ternura y compasión.
Hoy, les estoy diciendo a todos ustedes, a los laicos, a los consagrados, a los sacerdotes, a todos ustedes: no importa donde se encuentren, él no condena, Jesús les está diciendo en este viernes santo: “Vuelve, te amo, vuelve. No importa lo que hiciste, deja que yo te mire con mi amor y misericordia”
Déjenme contarles una historiecita. Dicen que Pedro vio un perro muerto, lleno de gusanos, ya pudriéndose. Y él le decía a Jesús gritando: “Jesús, ve por otro lugar, aquí hay un perro muerto que está hediendo!”. En ese momento, Jesús abrazó a Pedro y le dijo: “Mira, Pedro, mira bien, ¿lo ves?. Ese perro tiene dientes lindos”. Con esto, Jesús nos quiere decir que, aun en la podredumbre de los pecados, la prostitución, las drogas, tantos pecados, Él consigue ver lo bueno de cada corazón. Jesús logra ver la belleza del corazón, porque Él mira con amor, con misericordia, Él no condena.
En este día, en que recordamos la pasión, podemos decir: “Este es el primer día del resto de mi vida”
Escriban así en su Biblia: “Yo fui encontrado por la mirada de misericordia de Jesús y estoy volviendo, perdonado, a sus brazos”
Todas las veces que estés en el dolor, en la tentación, recuerda esta mirada y esto que has escrito, este será tu secreto.
Hoy no es día de derrota, hoy es día de victoria. Si te sentías derrotado, deprimido, quiero proclamar que por el poder de mirada de misericordia, estás sanándote, estás siendo curado, libre de las opresiones de Satanás. Recibe la mirada de amor de Jesús.
Oren así:” Sé que tú no condenaste a Pedro y que tampoco me condenas. Hoy puedo experimentar por tu cruz y misericordia tu perdón y por él conquistar la victoria”. Sé libre, porque Jesús te liberó. En el nombre de Jesús quiero proclamar ahora tu libertad, por la sangre de Jesús. Quiero ahora declarar sobre tu vida, en Su nombre, un nuevo tiempo. Proclamo que en este momento, por la sangre de Jesús, por su mirada de amor y misericordia, tu sanación física y espiritual. Declarar que satanás no tiene más poder de seducirte, porque como Pedro, estás asumiendo la mirada de amor de Jesús. Sé libre por la cruz de Jesús!”
Pedro fue reavivado por el poder del amor y del perdón de Jesús y con ese poder de reavivamiento, ora ahora para que puedas ser libre por el poder de Jesús y como Pedro, puedas salir y anunciar, morir si fuere necesario, como Pedro que, tan lleno de amor, entregó su vida y ni siquiera quiso morir crucificado de pie como Cristo, sino que de cabeza. Pedro experimentó la mirada de amor y de perdón de Jesús.
Padre Roger Luis
Misionero de la Comunidad Canción Nueva










28/07/2008 às 09:08
gracias por todo lo que nos dan a traves de estas predicas,hoy yo tambìen soy Pedro, sintiendo la mirada de Jèsus, y recordando todas las cosas que he vivido junto a El.bendiciones. Edith
28/07/2008 às 18:08
Esta prédica ha llegado profundamente a mi corazón, cada vez que he leído este texto de la negación de Pedro he sufrido con él. Pero ahora me ha llenado el alma la mirada de amor de Jesús, y la recibo con la seguridad de que Jesús me tiene mucha compasión para ponerme a su servicio.
Que Dios lo bendiga padre Roger Luis.
Marty
28/07/2008 às 16:03
[...] ¡Se los pecadores conocerán mi misericordia, ¡no serían tantos los que se perdieran! Di a las almas pecadoras que [...]